Narrativa

Aportaciones en prosa de nuestros lectores.

Imperio de Cobardes. El témpano

Ratio:  / 0






Imperio de cobardes
    

El pirata de entre líneas.

Un viaje por los recovecos del ruido y la desesperación
                       

Fragmento del libro en papel titulado Imperio de cobardes, que se puede obtener en el portal lulu.com:      

Primera edición. Julio de 2014.

© Todos los derechos reservados. No se permite la reproducción total o parcial de este libro por ningún medio, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión por cualquier forma o por cualquier medio, sea éste electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otro método, sin el permiso por escrito del autor.

 

Imperio de cobardes (fragmento).

 El témpano

 Un témpano flota impasible sobre el agua cristalina de un lago silencioso. Como una gran hoja imprevisible y monótona de color blanco, perenne, impertérrito, se mueve imperceptible sobre la charca, cubriéndola por completo, sin rumbo, estancado. Como un feto paciente que hiberna en el vientre de una madre protectora, que se balancea al compás que le dicta la brisa que susurra cada vez más fresca en la tarde. A veces también permanece mucho tiempo quieto, indolente. Se mece sigiloso, cambiando imperceptiblemente de forma o postura sobre ese manto sereno de aguas puras y cristalinas, ocultas, al pie de una fastuosa montaña azul celeste inmóvil a lo lejos, cada vez menos visible entre densas y negras nubes de tormenta, empecinadas, ignorantes como siempre; oscurecidas por su delirio de grandeza, por su terquedad de querer creer ¿Dónde nacen? ¿De dónde beben tanto? Sólo van a obtener un hielo más denso, más firme, más puro. El Sol calienta a veces sobre él todo el día, pero siempre termina por marchar rendido y resignado, derramándose sobre la línea del horizonte, como en un nuevo fracaso que cae mientras más y más nubes aprovechan para venir corriendo y cubrir insolentes ya el cielo entero. No cesan, no mienten. Acuden desde las montañas sobre ese lago poco a poco,justo a tiempo, poco antes de que asomen las estrellas, ocultándolas con ahínco también a ellas. Y el témpano, eternamente indiferente, continua meciéndose impasible entre los bordes del lago, prisionero, refugiado, guarecido, deformándose y adaptándose contra las ramas que van creciendo sobre él, contra las piedras, lentamente, camuflándose. No se quiebra, ni se deshace, sólo se mueve   imperceptible mecido por la brisa. Sirve muchas veces de descanso y de puente para todo tipo de aves, y también para todo tipo de animales terrestres, salvajes o no, sin distinciones, quienes le utilizan, para cruzar de un lado al otro de las aguas sin mojarse los pies, cada vez más frías y dolorosas, cada vez más puras, más claras. Parece descansar sobre si mismo. El os le agradecen con un gesto, o le ignoran y simplemente le utilizan, da igual. Él les responde con su silencio respetuoso que no importa, no le ha costado nada, y todos saben que es cierto. Sólo flota sobre su fondo cada vez más cristalino y oscuro, protegiendo sus aguas con su frío helado del paso de todos los animales, y con su duro espesor de la luz del Sol y de las botas y la sed de tanto viandante desconocido, entre ellos muchos mercaderes. Y al ver cómo pasan sobre él se da cuenta de que tampoco les siente, que no siente nada, que hace mucho tiempo que  ya no siente nada. Sólo el tacto y el sabor de las aguas que le hancreado, de las que respira y se alimenta en la oscuridad constantemente, tan colmado, tan satisfecho, que no quiere desaparecer, sino permanecer ocultando el manantial sobre el que flota y que le alimenta. Y hasta ese tacto y ese sabor parece que van desapareciendo ya a veces con tanto frío. Aparece entonces la duda de si el frío va deteriorando el sentido de la piel y el paladar, o bien deteriora un agua tan plena haciendo desaparecer sus propiedades, no dejando nada de qué sentir, o si ocurren ambas cosas. Parece que hasta apague en su cerebro la capacidad para poder entenderloo explicarlo, o su voz, o todo al mismo tiempo. Mientras, los      nubarrones crecen de nuevo, engordando aún más su espesura, aumentando su profundidad, amenazando cada día un poco más.

 

Lecciones de vida...

Ratio:  / 0
"Él tiene ochenta años e insiste en desayunar con su mujer, 
Y cuando le pregunté, ¿Por qué su mujer está en la residencia de ancianos?
El respondió: porque tiene alzheimer.
Entonces le pregunté, "¿Se preocupará su mujer si tarda en venir a desayunar con ella?" y respondió: "Ella ya no se acuerda... no sabe quien soy yo, desde hace cinco años no me reconoce."
Yo sorprendido, le dije: "¡qué bien! y aún así sigue desayunando con ella cada mañana a pesar de que ella no le reconoce."
El hombre sonrió, miro a mis ojos y me apretó la mano.
Entonces me dijo: "Ella no sabe quien soy yo, pero yo sí sé quien es ella."

El pescado

Ratio:  / 3



Tres divorcios. Seguro que vestirá de rojo y con tacones de infarto. No puedo creer que desayune en un hotel de cinco estrellas. ¿La cafetería? <<Pasillo a la derecha>>, me responden en recepción. Está sentada en la mesa del ventanal. Justo como la imaginaba.

─¡Sara, tesoro! ¡Cuánto tiempo! ─se levanta contoneándose para besarme.

─Sí, meses. ¡Estás guapísima! ─su cara no muestra arrugas y aunque no confiesa la edad, tiene cincuenta.

─Bueno, prefiero sentirme joven. Lástima que para una vez que quedamos, tenga solo un ratito. Y bien, ¿qué era tan urgente?

─Gracias─ me había quedado absorta mirando al camarero servirme la taza de café que no había pedido y unos pastelitos.

─Te vi llegar por la ventana y pedí para las dos. ¿Qué ibas a contarme? ─preguntó levantando la cucharilla y sin mirarme a los ojos.

─Quería hablarte de Gustavo.

─El doctor, hace tiempo que no le he visto. ¿No le importará verdad? ¿Y qué le sucede?

─Creo que tiene problemas.

─Ya, como todos ─levantó un pastelito con la intención de mordisquearlo.─ ¿Desde cuándo?

─Ayer, me gritó en la cena.

─¿Te gritó? ¿Qué hiciste?

─Llorar.

─Eres tonta. ¿Por qué no le contestaste?

─¡Qué! ¿Contestarle? Había quemado el pescado. No lo pensé.

─¿No lo pensaste? Vaya, te tiene dominada.

─Adela, ya lo conoces, reservado y no sé cómo ayudarle. Por eso, había pensado en ti.

─¿Para ayudarle a gritarte?

─No.

─Prefería no decírtelo, ¿pero has pensado si te engaña? Solo tienes que mirarte para pensarlo.

─Adela, tengo casi cincuenta años. ¿Cómo quieres que vista?

─Un poco más sexy. No hueles a perfume, llevas la cara lavada y no digo nada del vestido soso.  ¿Cómo es posible? 

─Gustavo está por encima de esas banalidades. Me quiere, es una cuestión económica ─me estaba irritando por momentos.

─Sí, seguro. Díselo a todos esos hombres casados y estresados con los que disfruto mientras sus mujeres están fregando y cocinando en casa. ¿Por qué Gustavo es hombre, no?

─Te equivocas, él es distinto.

─Seguro que sí y en la cama, un crack.

─Adela me sonrojas, haces preguntas fuera de lugar. Porque a ti no te haya funcionado el matrimonio tres veces, no puedes pensar que los demás estamos equivocados. Además, hoy no se quemará el pescado.

─Di que sí, cielito. Espera, la última calada y nos vamos, a las doce tengo una cita con un cliente importante en el banco. Sara, piénsalo fríamente y hazte un favor: no le hagas la cena.

¿Qué no le haga la cena?  Lo sorprenderé. Compraré merluza.

Joomla templates by a4joomla