Reseñas y críticas de cine

"Gertrud", de Carl Theodor Dreyer (1964)

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No creo que haya que decir que Dreyer es uno de los mejores directores de la historia del cine. Dentro de su filmografía, Gertrud ocupa un lugar preferente, considerada por muchos como obra maestra. Echémosle un vistazo.

PERSONAJES


1.- Gertrud (Nina Pens Rode), la protagonista
2.- Gustav Kaning (Bendt Rhode), el marido de Gertrud. Abogado sindicalista. Va a ser nombrado ministro
3.- Erlan Jhanson (Baard Owe), el amante actual de Gertrud. Joven “genio” musical. En la imagen le vemos acompañado de Gertrud en el parque.
4.- Gabriel Lidman (Ebbe Rode), el antiguo amante de Gertrud. Maduro “genio” literario (poeta)
5.- Axel Nygen (Axel Strobye), amigo de Gertrud. Estudiante de psicología y psiquiatría en París. La imagen lo sitúa junto a Gertrud en el Paraninfo de la Universidad.
6.- La suegra de Gertrud, madre de Gustav, claro (Anna Malberg).

El argumento de la historia podría servir muy bien para un folletín: una mujer casada que quiere dejar al marido, y da la casualidad de que sus dos amantes, el nuevo y el viejo, andan pululando por el escenario. O también para un vaudeville (vodevil en cristiano), si es que el autor hubiera querido dar algún tono de comedia ligera con puertas que se abren y cierran para producir malos entendidos y dobles sentidos jocosos. Pero no, ni soñarlo, nada más lejos de ambos géneros la impresión que deja esta película. Me imagino el tratamiento que le hubiera dado a un tema así algún director latino, por ejemplo italiano, y seguramente más de una buena agarrada de manos o un buen bofetón al estilo Hilda se hubieran visto y oído. Pero Dreyer en absoluto; mantiene muy bien las distancias. Los personajes son muy poco expresivos, se hablan pero no se miran el uno al otro a la vez (en las escenas no suele haber más de dos), ni mucho menos a los ojos. La mayoría de las veces ni siquiera se miran sino que sueltan su discurso como si de una tesis filosófica se tratara más que de sentimientos, mientras mantienen la mirada perdida no se sabe dónde o reconcentrada en sí mismos. Sobre todo la protagonista, que resulta bastante “mística” con su actitud de alejamiento. Ya dice su amigo Axel que tiene un “aura mágica”. Los personajes tampoco se tocan prácticamente, a no ser un muy leve roce de manos en alguna rara ocasión si están sentados cerca. Hay algunas escenas que podrían ser la excepción a esto, pero que en realidad no lo son porque su tratamiento también resulta frío y sombrío, a lo cual ayuda el blanco y negro de la cinta, la falta de color. En una de esas escenas, Gertrud coge en sus manos suavemente la cabeza de Gabriel, el antiguo amante, le mira a los ojos y le suelta: “¿Cómo puedes creer que es posible resucitar algo que está muerto hace tanto tiempo?” O sea que se acerca para decir que ya no le va a ser posible acercarse nunca más (paradojas de estos “fríos” nórdicos). También en las escenas amorosas con su nuevo amante Erlan, las miradas, los besos, la pasión, en definitiva, que manifiestan, resulta helada, domina el hieratismo; no hay emoción, sino que queda contenida, aunque en algún momento quiera expresarse a través de las palabras.

No obstante, mi percepción de esta película, la sensación que recibo de ella, es que va mucho más allá que las palabras, para expresar aquello que éstas no son capaces. A través de su atmósfera respiramos el espíritu de algo trascendente e intangible.

La acción se desarrolla morosa, lenta, lánguida, como la propia protagonista. Y esto también contribuye a la solemnidad y gravedad de la película.

En la escenografía ocurre otro tanto de lo mismo. Los ambientes son de una equilibrada elegancia (dos objetos equidistantes y uno en medio es la tónica general), equilibrio que no resulta nada cálido. A veces son habitaciones amplias y desangeladas, casi vacías de mobiliario, desérticas.
Todo ello provoca un distanciamiento emocional y sentimental que yo creo que es lo que busca voluntaria y fundamentalmente el director. Un distanciamiento no sólo de los personajes entre sí, pertenecientes a una civilizada burguesía intelectual, sino también con el espectador. Y lo consigue.

La película resulta muy teatral, no en vano está inspirada en una obra de teatro de principios del XIX escrita por Hjalmar Söderberg. Verla es como estar sentada en el patio de butacas. Me recuerda a los antiguos “Estudio 1” de televisión. Así que la iré resumiendo y analizando por actos y escenas. Esto no quiere decir que no la considere profundamente cinematográfica. Todo lo contrario. Hay elementos y detalles que sólo son de puro y buen cine (encuadres, sombras….etc).


ACTO PRIMERO: EN CASA DEL MATRIMONIO


ESCENA PRIMERA / GERTRUD Y GUSTAV KANIM (EL MARIDO)



El marido de Gertrud, Gustav llega a casa, supongo que después del trabajo porque lleva una cartera-portafolios. Suenan las campanillas del reloj, dando comienzo a la acción ( van sonando campanas cada vez que se cumple un ciclo, un acto. Al final de la película también suenan campanas de una Iglesia, creo que indicando que todo ha terminado. La muerte ha llegado).

La acción parece que se desarrolla en el siglo XIX, por la forma de vestir. El matrimonio vive en una casa acomodada, en la que hay servicio. La decoración es rica, pero como dije antes resulta fría. Es como uno de esos entornos sin vida de las revistas de decoración. La primera escena se desarrolla alrededor de una mesa vestida que hace de escritorio, pegada a la espalda de un sofá y donde Gustav ordena sus papeles.

Gustav llama a su mujer. Ella aparece con su mágica aureola rubia, lenta, como toda la película, parsimoniosa en gestos y pasos. No es una pipiola, pero tampoco una señora mayor. Va vestida con una falda larga plisada de color claro neutro ajustada a la cintura por una banda y una blusa de mangas de farol con un discreto estampado, que lleva una jareta delante y está cerrada a la caja con un pequeño volantito (esto para los que les guste este tipo de detalles de atrezzo). El pelo va recogido en un moño dejando un flequillito. Un estilo sobrio y recatado. Al llegar junto a su marido comenta que se irá en seguida, no sin antes preguntarle educadamente sobre sus actividades de la noche: él irá al Sindicato y ella, por su parte, dice que irá a la ópera a ver Fidelio, de Beethoven. De este corto diálogo se deduce que no salen mucho juntos, ni parece que estén muy unidos. Ella incluso da la impresión de rehuir su compañía. Representan un matrimonio convencional, que mantiene las formas, aunque cada cual hace un poco su propia vida. Ella hace intento de irse de nuevo después de tan breve intercambio, pero él le comunica que tiene que decirlo algo. Y ese algo es que le van a nombrar ministro, ante lo cual ella comenta: ¡Oh, ésa era la gran noticia!....Sin embargo tú no eres muy partidario del gobierno”. Él se excusa: “No. Pero una voz crítica no le hará ningún daño al gobierno; al contrario”. Y ella, creo que con un poco de ironía dice: “y tú serías esa voz crítica”.

Como ve que su noticia no ha causado el efecto “admirativo” deseado, Gustav cambia de tema y habla de las personas con las que se ha encontrado ese día. Son precisamente Erlan Jhanson y Gabriel Lidman, actual y antiguo amante, respectivamente, de Gertrud, que entran en escena a través de sus nombres. Gustav y ella mantienen este diálogo al respecto.

GUSTAV: Al venir me he encontrado con ese nuevo genio de la música, Erhar Jhason, ¿se llama así?
GERTRUD: Erlan Jhason. Supongo que te refieres a él
GUSTAV: Eso es, Erlan Jhanson. Es un genio, ¿no?
GERTRUD (evasiva): Eso dicen
GUSTAV: ¿Y qué piensas tú? Entiendes de música.

Gertrud no contesta e intenta irse otra vez

GUSTAV (la retiene con otra pregunta): ¿Sabes a quién he visto también?
GERTRUD: No
GUSTAV: A Gabriel Lidman. Perdona no quería herir tus sentimientos (sabe que él fue su amante)
GERTRUD: Ya lo sé
GUSTAV: Le he invitado a venir a casa
GERTRUD: ¿Ha aceptado?
GUSTAV: Sí, al menos eso ha dicho
GERTRUD: Hace mucho tiempo que se marchó
GUSTAV: mm, dos años, ¿no?
GERTRUD: Tres
GUSTAV: En el periódico viene una foto de Lidman
GERTRUD: ¿Sí? Déjame ver. No ha cambiado nada (mirando la foto)
GUSTAV: No, no ha cambiado
GERTRUD: ¿Le has dicho que eras tú el que iba a dar el discurso? (se refieren al homenaje que se hará a Lidman al día siguiente en la Universidad. Kanim dará el discurso)
GUSTAV: Ya lo sabía
GERTRUD: Me resultará agradable verle de nuevo
GUSTAV: Por cierto, ¿por qué rompiste con él?
GERTRUD: No quiero hablar de eso
GUSTAV: No,… no, ese capítulo de tu vida está olvidado. Me dijiste que todo había terminado y yo te creo. Tus relaciones con Lidman no son de mi incumbencia. Eras una mujer libre, podías hacer aquello que quisieras. Eras artista y él un escritor célebre; la situación era muy diferente.
GERTRUD: ¿Tú crees?
GUSTAV: Por supuesto que sí… ¿Por qué te ríes?
GERTRUD: Me hace reír el pensar en toda esa pobre gente que se permite amar aunque no sean nadie, ni artistas ni celebridades


De este diálogo se coligen algunas cosas:
  • Que ella no es una mujer vulgar, sino una mujer atractiva para hombres interesantes, artistas célebres o profesionales y políticos de pro como el marido. Y ella misma, además, es artista, cantante para más señas, entendida en música y culta en general, suponemos, aunque parece que ha dejado su actividad para casarse.
  • Que el marido es un hombre “liberal” y “progresista” para su época. No le reprocha su pasado.
  • Que ella quizá esté harta de ese ambiente de artistas y triunfadores que le han “congelado” el alma. Lo digo por el último comentario.

Gustav se va a recoger su cartera al recibidor y mientras ella se coloca el pelo delante del espejo. Él la observa, se dirige hacia ella, cierra la puerta de la sala a sus espaldas con claras intenciones lúbricas. Se produce este diálogo:

GUSTAV: Eres muy hermosa, gertrud
GERTRUD: Este espejo me lo regaló Gabriel Lidman. Dijo que me lo regalaba para que pudiera ver algo bonito por las mañanas… Es curioso.
GUSTAV: Sí, ya lo sé
GERTRUD: Luego tú me regalaste otro espejo muy parecido a éste. Y ahora su espejo está colgado aquí en tu casa.
GUSTAV: Déjame besarte, Gertrud.

Ella rechaza su beso en la boca colocando la mejilla y él, mohíno, se va hacia la ventana

GUSTAV: Ahora anochece muy pronto
GERTRUD: Será mejor que me vaya
GUSTAV: Yo busco tu boca y tú me enseñas la mejilla. Hace un mes que no entro en tu habitación y antes siempre era bienvenido. Muchas noches no puedo dormir, no puedo dejar de pensar en ti. Quizá estés enamorada de otro hombre, ¿quién podría ser?


Ay, el espejo… Estamos ante un puro símbolo. Para estos dos hombres, Gustav y Gabriel, el espejo la representa a ella, como encarnación de belleza y placeres físicos. Y ella presiente que eso es lo único que ella significa para ambos. Ante lo cual se rebela. El espejo tiene un estilo entre barroco y neoclásico, con el marco dorado. Ocupa una pared, sólo flanqueado por dos pequeñas palmatorias o apliques de pared para vela. El espejo está solo en su ubicación y sus materiales de construcción son fríos, reflejos ambos de la soledad que ella siente y de la frialdad a la que la ha condenado el entorno.


ESCENA SEGUNDA / GERTRUD, GUSTAV Y LA SUEGRA



En este segundo cuadro entra la suegra de Gertrud. Y lo hace con la excusa de que viene a cobrar una renta mensual, aunque en realidad el autor la introduce sólo para que sepamos que Gertrud es objeto de habladurías entre los conocidos. Se comenta su antigua relación ilícita con Gabriel, ya que no estaban casados. No tiene, por tanto, una excesiva muy buena reputación, aunque la suegra la llama: “la buena de Gertrud”, y reconoce que se ha portado muy amablemente con su hijo Gustav (“de momento”, añade. Supongo que como diciendo que la cabra en cualquier momento puedo tirar al monte), negando, por supuesto, la posibilidad de que esa relación anterior fueran más que dimes y diretes de los malpensantes. La suegra está al día de todas las novedades. Ya ha llegado a sus oídos que van a nombrar ministro a su hijo, aunque no le recomienda que acepte el nombramiento si no le pagan bien, ya que su marido obtuvo únicamente condecoraciones por su “sacrificio” político. Se ve que en la época el trabajo público no estaba tan bien pagado como ahora. Y además no serían tan corruptos. Ahora creo que a la mayoría de las madres les parecería un chollo que su hijo se dedicara a la política y se dejara untar disimuladamente, como es menester. El personaje de la suegra y su cháchara cotilla podrían perfectamente pertenecer a una película de los hermanos Marx. Pero la solemnidad y seriedad de la película no insta a la sonrisa, como sería en el caso de un filme de Groucho y sus hermanos, a pesar de que entre el hijo y la madre se intercambian unas cuantas de buen rollito. Como muestra de lo que digo, léase esta absurda conversación:

GUSTAV: Buenas tardes, mamá. Ven, vamos, siéntate. Vienes un poco tarde
LA SUEGRA: Estaba leyendo un libro y me he quedado dormida; cosas de la vejez.
GUSTAV: ¿Qué libro leías?
LA SUEGRA: Ya se me ha olvidado, no lo sé.
GUSTAV: ¿Quién lo ha escrito?
LA SUEGRA: No lo sé, pero estaba muy bien escrito.
GERTRUD (interviniendo): ¿De qué trataba?
LA SUEGRA: No sabría decirte. No entiendo los libros que escriben hoy día

Aunque lo parezca, la mujer no tiene un pelo de tonta; más bien se lo hace. Hay también otras frases significativas que se intercambian:

GUSTAV: Mamá, si algún día llego a ser ministro será por ti.
LA SUEGRA: Y Gertrud irá a los bailes de la corte, ¿verdad?
GUSTAV: Eso le da absolutamente igual.

Esto nos presenta a la protagonista como alguien cuya vanidad no le mueve hacia los placeres mundanos. No le importa figurar ni el prestigio social.

A continuación Gertrud, no sabemos si para librarse de la suegra o porque verdaderamente le urge hablar con el marido, visto que lo del nombramiento ministerial es un rumor serio, le pide a Gustav que largue a su madre: “Haz que tu madre se vaya. Tengo que hablar contigo. Es importante”
Ella se sienta en el sofá de cuero negro que hay delante de la mesa escritorio y él en un brazo del salón, comienzan este diálogo:


GUSTAV: ¿Qué querías decirme?
GERTRUD: Lo que tengo que decirte es algo muy importante, algo que no puede esperar. Sé que voy a hacerte mucho daño. Gustav, NO SERÉ LA MUJER DEL MINISTRO.
GUSTAV: ¿De qué estás hablando?
GERTRUD: Ya no quiero ser tu esposa
GUSTAV: Gertrud..., ¿qué quieres decir?
GERTRUD: Recuerda lo que dijiste al ponerme el anillo de boda. Dijiste que si un día uno de nosotros deseaba recuperar su libertad, el otro no debería impedírselo ¿Te acuerdas?
GUSTAV: Sí, sí, me acuerdo.
GERTRUD: Entonces aquellas palabras me hicieron daño, porque me parecía imposible que algún día pudiéramos vivir el uno sin el otro. Pero cuando comprendí para qué me querías, entonces lo vi todo claro.
GUSTAV: Ojalá pudiera hacer desaparecer este día de mi vida. Ahora quieres dejarme. Gertrud, no puedo entenderlo.
GERTRUD: ¡Oh Gustav! Ahora todo es muy diferente. Incluso nosotros hemos cambiado.
GUSTAV: Yo aún te quiero, Gertrud.
GERTRUD: Oh, amor Es una gran palabra. Tú amas tantas cosas: amas el poder, el honor, te amas a ti mismo, tu inteligencia, tus libros, tus puros habanos. Estoy segura de que también me has amado a mí alguna vez.
GUSTAV: No entiendo cómo puedes hablar de esa forma
GERTRUD: Ya……….Cuando estamos aquí solos por la noche, puedes pasar horas con la mirada perdida, sin decir ni una sola palabra.
GUSTAV: Tengo que pensar en muchas cosas
GERTRUD: ¿Cosas?
GUSTAV: Sí, mis asuntos, mi trabajo.
GERTRUD: Tu trabajo, sí, como siempre. Tú sólo piensas en tu trabajo.
GUSTAV: ¿Crees que me eres indiferente?
GERTRUD: Aún peor, mucho peor. Es falta de sensibilidad. Una mujer ama en primer lugar a su marido. Pero para él lo primero es el trabajo
GUSTAV: Es natural, ¿no te parece?
GERTRUD: La naturaleza del hombre le impulsa a trabajar, a crear. Pero el trabajo no le debe hacer olvidar a su mujer. A menudo me parece que no tengo marido. Es como si no existiera para ti.
GUSTAV: ¿Aún tienes algo más que reprocharme?
GERTRUD (que está embalada): Que me demuestras constantemente lo poco que significo para ti, lo poco que te importo o, al menos, no dices lo que soy para ti, no adivinas mis deseos. Nunca, nunca sabes si estoy contenta o triste, te da igual, te es absolutamente indiferente.
GUSTAV: Si no te he entendido mal me reprochas el interés que pongo en mi trabajo.
GERTRUD: Me gustaría vivir con un hombre que fuera sólo mío, con quién yo fuera lo primero. No quiero ser un objeto con el que jugar a veces
GUSTAV: Escucha, Gertrud. El amor solo no basta para llenar la vida de un hombre. Eso sería ridículo, absurdo.
GERTRUD: Sí, puede que sea ridículo. Pero eso demuestra lo poco que te importo. Cuando me vaya dejaré un vacío muy pequeño en esta casa.
GUSTAV: Gertrud, ¿qué es lo que me estás ocultando? ¿Hay otro hombre?
GERTRUD: Ponlo de excusa, si quieres
GUSTAV: ¿Estás enamorada de otro?
GERTRUD: Sí
GUSTAV: ¿Quieres marcharte hoy mismo?
GERTRUD: No
GUSTAV: Pero te irás hoy… Gertrud, me vas a volver loco.
GERTRUD: Oh, no, no existe ninguna mujer que pueda volverte loco, lo sabes muy bien.
GUSTAV: Dime ¿quién es?
GERTRUD: ¿Por qué iba a contestarte?
GUSTAV: Ese hombre, ¿quiere casarse contigo?
GERTRUD: Quiero solucionar esto a mi manera
GUSTAV: ¿Quién es él?
GERTRUD: No le has visto nunca, no pertenece a nuestro círculo, qué más da.
GUSTAV: ¿Dónde le has conocido?..... Gertrud, ¿has decidido marcharte?, ¿te vas para no volver?
GERTRUD: La verdad es que sólo quería que lo supieras. Ya hablaremos de esto más tranquilamente y con mas detalle. Mañana iremos a la función de gala.
GUSTAV: Explícame cómo ha ocurrido. Estas cosas son más fáciles si uno llega a comprenderlas.
GERTRUD: Ni siquiera yo misma soy capaz de entenderlo. Lo único que sé con total seguridad es que estoy muy enamorada.
GUSTAV: No te ha costado demasiado decirme todo eso. Es como si me hubieras despedido de un trabajo.
GERTRUD: Sí, lo sé, pero he sufrido mucho. No encontraba la forma de decírtelo
GUSTAV: Gertrud, todo esto me resulta inaceptable
GERTRUD: Lo has aceptado mucho mejor de lo que pensaba. Sí, ha sido más fácil de lo creía.
GUSTAV: ¿Adónde vas ahora?
GERTRUD: Ya te lo he dicho. Esta noche voy a la ópera. Adiós, gustav.

Y suena una campana, terminando un ciclo. IL PRIMO ACTO É FINITO. Pasamos al segundo. Pero antes, un comentario de lo que acabamos de leer:

En este acto se nos muestra que Gertrud está insatisfecha, porque siente que su marido no la atiende, no se preocupa de sus sentimientos ni de sus deseos, la ningunea frente a otras cosas que considera de mayor enjundia e importancia, el trabajo fundamentalmente. Para ella eso significa no sólo que no la ama, sino que su interés por ella llega a un nivel de indiferencia absoluta. Pero aquí yo creo que se va más lejos, y se plantea la tesis general de la incompatibilidad entre los intereses y la sensibilidad de la mujer frente a los del hombre, no sólo personificados en Gertrud y Gustav en particular. El interés de la mujer estriba en el AMOR. El hombre tiene, por el contrario, otros muchos intereses, entre los cuales el amor de la mujer, según lo ve Gertrud, no es el más importante ni mucho menos, equiparable incluso en su baja distinción al que pueda tener por sus “puros habanos”. La mujer se perfila como un mero objeto de placer para el hombre, un objeto que siempre tiene que estar dispuesto y complaciente, y no una compañera por la que haya que preocuparse, a la que haya que atender y cuidar al mismo nivel que ellas están dispuestas a hacer con el hombre. Gustav no puede comprender que Gertrud de verdad le deja porque busca el amor absoluto, el amor exclusivo, la devoción y entrega en cuerpo y alma sin reticencias ni ambages, sin dudas ni cortapisas, sin otras preeminencias que el propio amor. Gustav entiende todo eso ridículo en el hombre. Prefiere creer que hay un tercero en discordia. Le es más fácil de aceptar y entender. Es la lógica y la sensibilidad masculina. Gertrud no está dispuesta a aceptar ese rol secundario, esa preterición en los sentimientos y en la cabeza de un hombre y se rebela de sus ataduras, no quiere claudicar, como otras lo han hecho sumisamente. Me recuerda un poco a los personajes femeninos de Ibsen: Nora, por ejemplo, de Casa de Muñecas, a la que ya no le sirve ser un mero accesorio decorativo para lucimiento ante las visitas e igualmente abandona su plácida vida de casada, ante la incomprensión del marido. En Gertrud es igualmente un acto de rebeldía y de reivindicación de la sensibilidad femenina frente a las preferencias de la sensibilidad masculina reinante. Aunque una persona que conozco diría: eso le pasa por ser una ricachona ociosa. Si tuviera que trabajar de sol a sol no tendría tantos remilgos. En fin, hay opiniones para todo.

En cada acto que se termina de la película se puede leer una frase, expuesta en un aparte fotográmico (¿se puede decir así para referirse a fotograma?) como esos letreros de las películas mudas. Al final de este primer acto se lee lo siguiente:

“SOÑABAS CON UNA MANO AMADA QUE TE LIBERASE DE TUS ATADURAS. UNA OLA DESCONOCIDA PENETRARÍA EN TU PLÁCIDA Y FRÍA CASA. AHORA CAMINAS ANSIOSA AL ENCUENTRO DE TU SUEÑO DORADO.”

Efectivamente, ella va en busca de Erlan Jhason, su nuevo amante, su sueño dorado. Ya veremos qué pasa.

ACTO SEGUNDO: EN EL PARQUE Y EN CASA DE ERLAN

ESCENA PRIMERA / GERTRUD, ERLAN JHANSON


Esta escena se desarrolla en dos escenarios, un parque y la casa de Erlan Jhanson, que se nos presenta en un flash back.

Gertrud llegando a su cita
Empezamos en el parque. Parece el típico lugar clandestino para las citas de los amantes. Sin embargo, el parque de la película tiene un aspecto idealizado, estilizado, que no parece propio de la clandestinidad. Un parque limpio y bien cuidado. Hay árboles y un gran estanque o lago. Sin embargo, en otros aspectos no parece vivo. No hay niños, ni gente yendo y viniendo, ni basura, ni mendigos. Está desierto. Es como un parque imaginario o soñado. Se oyen ruidos de pájaros, pero no se ven por ningún lado. Esos ruidos no son trinos melodiosos siempre, sino que a veces son sonidos estridentes y que a mí se me antojan como amenazadores. En este rincón de los amantes hay un banco y una estatua clásica de tamaño natural de una mujer desnuda.

Erlan espera a Gertrud, que ha añadido una capa corta y un sombrerito con velo a su atuendo anterior, apoyado en un árbol, símbolo de vida en cierta forma. Gertrud, que viene presurosa, dentro de la premura que en la película se acepta, que no es demasiada, coloca su bolso en el banco y se acerca a él. Mantienen esta conversación:


GERTRUD: ¿He tardado mucho?
ERLAN: Sí, demasiado.
GERTRUD: Perdóname amor mío
ERLAN: Lo intentaré.
(Se besan)
GERTRUD: ¿Me quieres, Erlan? Dímelo
ERLAN: Te quiero
GERTRUD: Dímelo otra vez
ERLAN: Te quiero
(Ella se separa un poco de él, parece que no muy convencida de la sinceridad de sus “te quiero”. Se apoya en el brazo del banco. Él se acerca a ella y se sitúa detrás. Le besa el cuello)
ERLAN: Te quiero…… (Ahora lo dice con más convicción para compensarla, supongo). Pero tenemos que hablar de esto muy seriamente ¿Que puedo significar yo para ti? Sería mejor que me dejases seguir mi propio camino
GERTRUD: Tú lo eres todo para mí. Eres mi nueva vida, aunque sea triste.
ERLAN: ¿Triste?
GERTRUD: Sí, para mí es muy triste tener que amarte así como te amo. A veces no te entiendo
ERLAN: Yo para ti sólo soy un capricho,…. Me enviaste rosas.
GERTRUD: Eran por tu primer concierto. Un ramo y una nota, pero sin respuesta ni agradecimiento
ERLAN: Recibí más ramos
GERTRUD: ¿Te acuerdas de…Aún recuerdas nuestro primer beso?
ERLAN: Me acuerdo de muchos besos: los primeros besos, besos rebosantes de pasión, besos que me dejaron casi sin aliento (no estoy yo muy segura de que se refiera expresamente a los besos de ella. Más da la impresión de que se refiere a todos los primeros besos que ha recibido de cualquiera, en general).
GERTRUD: Sólo pensaba en ti, Erlan. Cuando te vi por primera vez, supe que tenía que amarte.
ERLAN: Pero cuando te pido que seas mía, no consigo ninguna respuesta. Yo te quiero, pero tú tienes dudas.
GERTRUD: Ya no. Tú lo eres todo para mí….Aún no conocía tu voz. Tenía que escuchar tus palabras para saber si era amor lo que sentía por ti. Y un día fui a verte. Me pregunto cómo pude tener valor.
ERLAN: Fue una suerte que estuviera en casa.

Gertrud llegando a casa de Erland

(Ahora se produce un Flash back, con una luz más difusa y un blanco más intenso que en las escenas normales. Vemos a Gertrud dirigiéndose a casa de Erlan, por el pasillo de acceso. Llama a la puerta: toc, toc –dos rápidos toques. Erlan dice: “¿Sí? Adelante. Gertrud entra. Se nos presenta el escenario donde más tarde tendrá lugar la entrega amorosa. Hay un ventanal al fondo con unos visillos y en el alféizar un pequeño jarrón estilo oriental donde ella va a dejar un ramo de flores que trae en las manos. Dos perritos de porcelana flanquean el jarrón. En este momento no se ve claro, porque la cegadora luz de la escena lo impide. Es la luz del amor que todo lo ilumina y que siempre acompaña a Gertrud. Un banco se sitúa bajo la ventana a todo lo largo de ella. A un lado de la ventana hay una estantería con algunos libros. Al otro lado un pequeño escritorio donde descansan dos candelabros. En la pared de encima del escritorio una partitura grande enmarcada. En la que da a la puerta vemos un banco tipo chaise longue. Y en la contraria, se dispone un sofá de estilo con un espejo encima y una silla. Algunos cuadros, muy pocos, adornan las paredes Ella coge una partitura del banco de la ventana y se la lleva a él, sentado frente al piano. De pie, a su lado, Gertrud se pone a cantar. No median palabra. La melodía que interpretan tiene un velo de tristeza. La cámara hace un giro en redondo hasta acercarnos a los protagonistas delante del piano, del que cuelga una tela por el extremo de la cola. Sobre el piano también un quinqué Luego la cámara se vuelve a alejar al mismo plano inicial. El piano de cola ocupa todo el espacio central de la habitación. Al final del flash back Erlan enrolla la partitura y se la entrega a Gertrud. Veamos una imagen)

ERLAN: Cantaste muy bien, lo hiciste realmente bien…. Estoy muy cansado. Anoche estuve de juerga (se tumba en el banco del parque)
GERTRUD: Como siempre. ¿Es necesario para ser artista?
ERLAN: Para mí sí. Me gusta la noche. Estuve dando vueltas con unos amigos. Lo pasamos muy bien. Estuvimos por ahí hasta muy tarde. Volví a casa de madrugada. Jugamos a las cartas con unos tahúres. Eran un poco brutos, pero simpáticos
GERTRUD: ¿Tú también jugaste?
ERLAN: No, yo me quedé dormido. Estaba pensando en una melodía. Todavía la recuerdo. Compondría una sinfonía si tuviera valor para comenzarla
GERTRUD: Oh, Erlan, no deberías andar por ahí de café en café. Quédate esta noche en casa, ¿de acuerdo?
ERLAN: He recibido una invitación
GERTRUD: ¿De quién?
ERLAN: Un tipo que conozco. Le ha montado un apartamento a una chica. Se llama Constance. Lo inauguran esta noche y tengo que ir.
GERTRUD: No vayas
ERLAN: ¿Y por qué no voy a ir?
GERTRUD: Porque te lo pido yo
ERLAN: Yo también te he pedido algo y no te ha importado.
GERTRUD: Erlan, en tu interior hay más música de la que imaginas. Y quiere sonar. Pero si continúas así, esa música morirá; se perderá para siempre. Tus inspiraciones de taberna, empapadas en cerveza, no tienen ningún valor (eso es como decir: no necesitas más musa que yo, que te voy a hacer conocer la música de las esferas celestiales, el divino amor, chato ). Erlan te lo pido por favor; Erlan te lo suplico; te lo ruego como si me fuera la vida en ello: ¡no vayas!
ERLAN: Vivo como puedo y como quiero, lo llevo en la sangre. Aunque te lo prometiera, iría de todas formas,
GERTRUD: Sí…, sí, en ese caso no me prometas nada.
ERLAN: Llevo una vida intensa porque me gusta. Y mañana vuelta a empezar. Gabriel Lidman vuelve del extranjero por su aniversario. Cumple 50 años. Es todo un viejo. Como si cumplir 50 años fuera una hazaña.
GERTRUD: Allí nos veremos, yo también iré.
ERLAN: ¿También estará tu marido?´
GERTRUD: Sí
ERLAN: El político. Y muy pronto será ministro, lo que le faltaba (es poco respetuoso y un poco mezquino este chico. Pero ella, de delicados sentimientos, le para los pies)
GERTRUD: Cállate, Erlan. Estás hablando de un hombre que no conoces.
ERLAN: Perdona.
GERTRUD: Erlan, antes de venir aquí he tenido una larga conversación con él. Se lo he contado todo. He recobrado mi libertad. Ahora puedo hacer todo lo que quiera.
ERLAN: Eso significa que...
GERTRUD: Sí, ¿ves? Ya soy tuya, en cuerpo y alma. Sí, ahora. Erlan, por fin puedo ser tuya y solamente tuya, (juntan las frentes cerrando los ojos, ¿no es romántico?). Esta noche he tenido un sueño.
ERLAN: ¿Qué es lo que has soñado?
GERTRUD: Estaba corriendo porque me perseguían dos perros enfurecidos. Cuando al fin me han alcanzado, me he despertado. Y entonces he comprendido que estábamos solos en el mundo…….Dame tus labios (se besan). Adoro tus labios, Erlan
ERLAN: ¿Adónde quieres ir?
GERTRUD: A tu casa…, ven.
 
(Se retiran del parque para dirigirse a la casa de Erlan. El último fotograma es el de una estatua de una mujer desnuda, representación de la soledad de la mujer, y de Gertrud en particular, creo. Al llegar a casa de Erlan, él enciende las velas de los dos candelabros del escritorio. En otra escena posterior, Gabriel Lidman hará algo semejante. Ya lo veremos y lo compararemos)
 
ERLAN: Gertrud, ¿lo harás¿ Quiero decir que… si….
GERTRUD: Erlan, te quiero con locura, Si me preguntas si lo haré yo contestaré: sí, Erlan, lo haré porque confío en ti.
ERLAN: ¿Me amas lo suficiente?
GERTRUD: Nunca podría, nunca, amar a otro sino a ti. (El se agacha y se abraza a sus caderas). No podía seguir viviendo en este cuerpo si no fuera tuya
ERLAN: Extraña mujer… ¿quién eres realmente?
GERTRUD: Soy muchas, muchas cosas
ERLAN: Por ejemplo
GERTRUD: Soy el rocío sobre las hojas de los árboles. Y una nube blanca que vuela hacia un lugar lejano
ERLAN: ¿Qué más?
GERTRUD: Soy la luna, soy el cielo
ERLAN: ¿Algo más?
GERTRUD: Sí, unos labios…, unos labios que buscan a otros labios
ERLAN: Eso parece un sueño
GERTRUD: Es un sueño, la vida es un sueño
ERLAN: ¿La vida?
GERTRUD: Sí, la vida es una larga una larga sucesión de sueños que se van deslizando
ERLAN: Y qué dices de los labios (como diciendo: vamos a lo que vamos, y no te me pierdas en metafísicas)
GERTRUD: un sueño (mirada perdida, lejana, soñadora, lánguida.)
ERLAN: Los labios que buscabas
GERTRUD: También un sueño (se besan)… ¡Toca!
ERLAN: ¿Qué quieres que toque?
GERTRUD: Un nocturno
ERLAN: ¿De debussy?
GERTRUD: Mm, tuyo

"Soy unos labios que buscan otros labios....Un sueño"    
(Ella va al que suponemos es el dormitorio. Los espectadores nos quedamos fuera. No entramos en su intimidad. Sólo la vemos a ella bajar el stor de la ventana. Luego la cámara encuadra la puerta de entrada al dormitorio, que queda abierta. La sombra de Gertrud se refleja, grande, en la pared, al lado de una solitaria silla, mientras se despoja de la blusa. De fondo, el piano desgrana su melancólica melodía de nocturno. Luego la cámara se dirige hacia Erlan, sentado al piano. Deja de tocar y se levanta. Va hacia la habitación y entra….)

 
¿Qué CONCLUSIONES saco yo de todo esto? Veamos:
 
  • En cuanto al carácter de ambos, Gertrud se nos muestra como una mujer leal. Ha coqueteado con el muchacho, pero no ha decidido entregarse en cuerpo y alma a él hasta no hablar con el marido y romper su lazo y compromiso. Su actitud con Erlan, por otro lado, parece el de la madre sensata y moralista que aconseja orden y mesura (en eso se nota que es algo mayor que él, aunque sólo sea unos años), aparte de la amante apasionada y entregada, que ése es otro cantar, y que también requiere cierta exclusividad, quizá con el anhelo de convertirse en su musa inspiradora. Erlan, por el contrario, tiene el ímpetu de la juventud que arrasa con todo, que no respeta edad ni jerarquías y que dice en cada momento lo que piensa. No sé si podría tacharlo de frívolo, despreocupado y perezoso. Puede que no tanto. Eso sí, le gusta la vida nocturna, trasnochadora, de artista bohemio rodeado de personas poco convencionales y de dudosa calaña moral: tahúres, cortesanas, etc., frecuentadores de cafés y tabernas. Acostumbrado al trato de ese tipo de personas, la delicadeza de Gertrud en cuanto a sus referencias al marido, puede que le sorprenda. Me imagino que otros affaires del chico no habrán tenido tantos remilgos para poner a parir al cónyuge. Del diálogo se deduce que ha estado azuzando a Gertrud para conseguir sus “favores”, aunque ella tomó la iniciativa en principio, algo poco común en la época. Una muestra de la franqueza, nobleza y ausencia de narcisismo en ella.

  • Ellos no parecen hablar el mismo “idioma”. Por un lado ella dice no entenderle, cosa que le causa tristeza. Y, por otro lado, él comenta que es una mujer extraña que no sabe muy bien cómo catalogar. Yo pienso que la única lengua o código común entre ambos es la música, arte que otorga cierta sensibilidad y profundidad a Erlan, si bien nos confiesa su falta de valor para sacar todo lo que lleva dentro de sí. El hecho de ese extrañamiento del uno hacia el otro, en parte también por pertenecer a distinto extracto social y generación, es posible que produzca malos entendidos que ya se están viendo. Él piensa que sólo es un capricho para Gertrud, la aventurilla de una casada, rica, ociosa e insatisfecha, aburrida de su matrimonio convencional. Ella por su parte, con su extremo y “eterno” idealismo, ve en él algo que, en realidad, sólo es un sueño, como bien subraya ella muy calderonianamente. Un espejismo, diría yo, pues lleva implícito un elemento de engaño. Tan espejismo como parece el lugar de sus encuentros en el parque. Se intuye en él un picaflor, gustador de aventuras galantes.
 
  • Ay, las palabras, cuán importantes resultan para las mujeres, o muchas mujeres, al menos. Ya se dice que se nos conquista con la labia o por el oído, incluyendo ahí el halago. Para algunas es fundamental escuchar un “te quiero” de los labios del que ama y hablar con él sobre sus sentimientos mutuos. Y esa “debilidad”, que es algo que suelen conocer los hombres, algunos suelen utilizarlo como una engañosa estratagema para la conquista. Gertrud, por ejemplo, decide amar a Erlan al verle (suponemos que antes ha escuchado su música), pero antes de saber si puede amarlo de verdad tiene que oír su voz, es decir: escuchar sus palabras, aunque supongo que también importa el tono. Ya la vemos en el parque pidiendo a Erlan la expresión repetida de su amor, que él no sabemos si manifiesta con sinceridad o no. Sin embargo, cuando ella va a su casa por primera vez, no hablan nada. Él sólo dice: “adelante”, para darle paso a la casa. Luego el lenguaje que les une es el de la música. El toca y ella canta. Yo creo e insisto en que esa es la “voz” de Erlan que le ha llegado al alma a Gertrud, la de su música, que ella quiere salvar de su desidia.
 
  • El sueño y la realidad: Voy a ver si pongo un poco de orden en este tema. Por un lado tenemos la consideración de la vida y la realidad como sueño. Y por otro lado está el mundo onírico, de los sueños. Ambas concepciones del sueño se interrelacionan aquí. Gertrud ha tenido un sueño que a mí me parece aterrador: dos perros enfurecidos la perseguían y, cuando la han alcanzado, ha despertado. Los perros representan la realidad, personificada, creo yo, en los hombres. Los dos hombres de su vida han sido, hasta ese momento, Gabriel Lidman y su marido. Y ambos son vistos, en su inconsciente, como dos perros furiosos, que imagino que no perseguían otra cosa que “comer” su blanca carne. Esta estampa onírica luego se ve figurada en una pintura o un tapiz enorme que adorna una de las paredes del paraninfo de la Universidad, en una escena de la película que ya se verá. En esa pintura se ve una mujer bella, de piel de alabastro, desvalida e indefensa en su desnudez, rodeada de una jauría de perros. Resulta terriblemente obscena, incluso, si se piensa bien. Sin embargo, Gertrud no nos habla de esto, sólo dice que al despertar, su conclusión respecto al sueño es que estamos solos. Es decir, en la realidad no encontraremos a nadie que nos acompañe en nuestros ideales. Su ideal del amor absoluto, representado en una mujer desnuda, es acosado por la realidad, que sólo desea destruirlo, desgarrarlo, como un perro furioso. Así, sólo nos queda soñar. La vida se convierte en un sueño. Aquí os dejo la imagen que digo.

  • Relacionada con esa concepción de la vida como un sueño, está la definición que Gertrud hace de sí misma. La primera vez que escuché su enumeración me pareció una gran cursilada de la chica. Pero luego, todo ha tomado sentido y ya no me parece tan cursi. Ella está diciendo: soy lo que sueño (o imagino). Por un lado sueña ser una gota de rocío, una nube que se aleja. Una gota de rocío se destruye si se toca. Ambos elementos resultan inasibles, inalcanzables, tan inalcanzables como ella en la perfección y el absoluto de su ideal amoroso. Por otro lado, afirma: soy el cielo y la tierra, o sea que el amor, ella, lo es todo, lo ocupa todo. Pero no hay hombre que pueda dar la talla a semejante exigencia. Es una película que huele mucho a PLATONISMO, no en la consideración vulgar que tenemos de amor no consumado físicamente, pero sí de amor no correspondido y de ideal absoluto. Bueno, más que platónica, NEOPLATÓNICA, por dos consideraciones, no sé si rebuscadas, que voy a contemplar:

1.- Los labios y los besos: hay una identificación mística del beso (“adoro tus besos”-dice Gertrud). Para ella el beso es una consumación más cabal del amor que el mismo ayuntamiento carnal. En la consideración neoplatónica, y así lo decían en El Cortesano, de Baltasar de Castiglione, el alma salía de la boca de uno, para anidar parte de su esencia en el alma del otro. Nos encontramos aquí con el epítome del amor sagrado en el más alto nivel que se le permite al mortal. Seguiremos insistiendo en este tema posteriormente.
 
2.- La imagen que he puesto un poco más arriba, donde se ve la sombra de su ella despojándose de su vestido, a mí me recuerda al mito de la caverna. Es decir, los espectadores sólo podemos contemplar la idea absoluta que ella representa a través de su sombra reflejada en la pared, Esto quizá sea un poco rebuscado, pero si os fijáis un poco veréis que hay un cuadrito iluminado que tiene un motivo griego, ¿no es para acordarse de Platón? Y si me apuras, la capa que lleva ella en la escena del parque tiene en el filo una cenefa geométrica también de reminiscencias griegas. La estatua del parque, también recuerda a una escultura clásica griega.
 

ESCENA SEGUNDA / MONÓLOGO INTERIOR DE GUSTAV KANIM EN UN COCHE DE CABALLOS

GUSTAV (pensando): Mientras volvía del sindicato he pensado mucho en todo esto.
Hay personas que se pasan toda su vida soñando, mientras que otras desbordan actividad. La vida se nos escapa lenta e inexorablemente independientemente de cómo la vivamos. Me preguntaba cómo es posible que esté a punto de perder lo que más quiero en el mundo sin saber por qué…Eso me ha hecho recordar dos versos:
 
“Guarda bien el tesoro que dios te ha entregado
Y no lo dejes escapar”.
 
Nunca cuidamos lo suficente aquello que no querríamos perder. De repente deseaba ver a mi mujer; deseaba pasear con ella como lo hacíamos en nuestras noches felices. Eso me ha dado una idea: iré a buscarla a la ópera.

Cuando llega al Kongl Theatre, donde representan Fidelio, habla con el portero.

Cartel de la ópera "Fidelio" a la puerta del teatro

PORTERO
: ¿Puedo ayudarle en algo señor?
GUSTAV: Había venido a buscar a mi mujer, pero veo que ya se ha ido
PORTERO: La señora kanim no ha venido esta noche.
GUSTAV: ¿Está seguro?
PORTERO: Sí. Y he estado aquí toda la noche.
GUSTAV: ¿Conoce a mi mujer?
PORTERO: Claro que conozco a la señora kanim; la he visto muchas veces.
GUSTAV: Tenga (le da una propinilla).
PORTERO: Gracias.
 
Estas reflexiones de Gustav están genialmente imbricadas con un tema del anterior diálogo: la realidad y el sueño. Gertrud, como hemos visto antes vive en su mundo de sueños, el sueño del amor. Gustav, por el contrario es un hombre práctico, realista y activo. No hay forma de que ambas cosas puedan casar bien.
 
El pobre Gustav, además, se ha dado cuenta de que ha descuidado mucho a su mujer. Quiere poner remedio, pero nos tememos que ya será demasiado tarde.
 

ESCENA TERCERA / GERTRUD Y ERLAN JHANSON EN CASA DE ERLAN


 
Nuevamente estamos en casa de Erlan. Gertrud sale del dormitorio. Erlan va vestido con un batín de casa. Ella está vestida de calle y a punto de salir. Erlan le ayuda a ponerse su capa. Se produce un juego de correspondencias de gestos durante este diálogo que produce la impresión de una correspondiencia más interna y profunda en el amor. Primero él enciende un cigarrillo y se lo pone a ella en la boca. Ella por su parte, posa un beso en las yemas de sus dedos y acaricia con ellos los labios de él. Luego, cuando ya está ella en la puerta, los gestos se intercambian: ella pone el cigarrillo en la boca de él y él las yemas de sus dedos besadas sobre los labios de ella. El diálogo es el siguiente:

GERTRUD: Oh, Erlan, aquí en tu casa he vuelto a la vida No sé cómo decirte lo feliz que soy
ERLAN: Has vuelto a ser tú misma.
GERTRUD: Sí. Y ahora vamos a vivir juntos.
ERLAN: ¿Crees que podremos hacerlo?
GERTRUD: Sólo sé que te quiero. Oh, Erlan, todo mi amor ahora es para ti.
ERLAN: Gertrud (dice cariñosamente),
 
Cuando ella está a punto de salir de la casa, empiezan a sonar las campanillas, dando por finalizado el acto, no sin antes dirigirse unas últimas palabras.
GERTRUD: Erlan
ERLAN: ¿Sí?
GERTRUD: ¿Acudirás a esa fiesta en casa de Constance?
ERLAN: Claro, tengo que ir.
 
Ella no pone mala cara, sino más bien de complicidad y desaparece del plano. Él la observa a través del visillo de la ventana y le dice adiós con la manita.
 
Me pregunto si los dos perritos de porcelana que están encima del alféizar de la ventana son simplemente decorativos o tendrán que ver con los perros del sueño de Gertrud. Estos, desde luego, no parecen furiosos, sino todo lo contrario, se ven tiernos e inofensivos. Quizá es que se hayan calmado con el amor que acaba de consumarse
 
En el letrero correspondiente al final del segundo acto leemos, por último:
 
UNA LUZ ACABA DE NACER EN TU CORAZÓN. UNA LUZ QUE CALIENTA Y ENSANCHA TU MUNDO. PERO LA FELICIDAD NO TE TRAJO LA PAZ INTERIOR. AHORA PROTEGES TEMEROSA TU AMOR ENTRE EXTRAÑOS QUE NO SABEN NADA

ACTO TERCERO:


LA GALA EN LA UNIVERSIDAD

ESCENA PRIMERA / LOS DISCURSOS DEL ESTUDIANTE, GABRIEL LIDMAN Y GUSTAV KANIM

Homenaje a G. Lidman, el poeta, por su cincuenta aniversario

El discurso del estudiante que dirige la "soldadesca" de alumnos
 
En la sala de lo que me figuro es el Paraninfo de la Universidad están dispuestas unas mesas largas, vestidas y adornadas con centros de flores, preparadas para la cena- celebración. Enfrente de las mesas, unas escaleras laterales dan acceso a una especie de galería, arcada o terraza porticada, que recorre horizontalmente toda la sala en un nivel superior. La cámara da un paseo rápido por el escenario. Los invitados, vestidos con sus más elegantes ropajes para la ocasión, están ya presentes, colocados en sus respectivos asientos. Unos camareros sirven las bebidas y retiran platos. En la mesa central, emplazada en un plano más alto que las demás y bajo una especie de palio o dosel (o como se llame) se sitúan las tres personalidades que presiden el acto, que lucen sus condecoraciones oficiales en sus trajes de gala: el Rector en el centro; Gabriel Lidman, el homenajeado, a la derecha del Rector y Gustav Kanim, el que pronunciará el discurso panegírico de Lidman, a la izquierda. Un bedel con librea sube a avisar a la banda universitaria (una especie de tuna al estilo nórdico, con sombreros que parecen de oficial de marina y las típicas cintas colgando de los hombros), que, inmediatamente, hace su paseíllo a ritmo de redobles de tambor hasta llegar delante de la mesa principal. Los estudiantes, con paso marcial, van cantando algún tipo de himno o marcha tradicional. Llevan antorchas encendidas y el que va en medio porta un pendón en el que se inscribe la imagen de lo yo creo que es algún rey laureado (ni idea), padrino de la “tuna” cuanto menos; imagen rodeada de una cinta de hojas que termina en su parte inferior con un historiado lazo típico de ese tipo de estandartes, insignias u objetos heráldicos en general. El año que luce en su margen derecha el pendón es el 1883. Una joven vestida de blanco, desde la escalera, “hace que saluda” a la “soldadesca” universitaria, con un pañuelo grande, acompañando al canto. Una representación muy lograda de algo que a mí me recuerda al “marchábase el soldado, cuando al mozo le salió a despedir la moza que le amaba…” Cuando terminan de cantar, el estudiante que dirige la banda, con unos gestos protocolarios realizados con su “superbatuta” o bastón de mando (no sé cómo se llama el artefacto), da paso a un estudiante “aventajado” que suelta un discurso delante de Gabriel Lidman. El discurso reza así:

EL ESTUDIANTE “Querido Gabriel Lidman (dos puntos) Hemos venido aquí en nombre de los estudiantes y la juventud para aclamar al gran poeta del amor. La mayoría de los jóvenes han sido educados por padres cuya vida está llena de prácticas y costumbres que quedan muy alejados de lo que puede considerarse amor. Los miembros de la generación que nos ha precedido, consideran el erotismo como algo sucio o simplemente como algo que había que evitar. Usted no comparte esa concepción del amor. Para usted, el verdadero amor sólo es posible cuando se produce la unión de los corazones y los sentidos. Sus ideas nos devuelven la mejor de nuestras tradiciones. En una de sus obras más importantes, su “Himno al amor”, ha descrito el amor profundo, el aprecio y la dulzura divina. Con su permiso citaré algunos versos:

“Ella le ofrecía sus labios…ambos se fundieron en un abrazo eterno. El creía que flotaba en medio de la niebla. De pronto aparece una estrella roja y sin brillo. Poco a poco se ilumina, se hace más y más luminosa, hasta transformarse en un brillante río de fuego; un fuego que arde sin pena ni dolor, en este éxtasis erótico.” Ahí está la grandeza de su concepción del amor y del erotismo. Un amor que nunca ha conocido obstáculo, límite ni frontera alguna. Ése es el tipo de amor que todos anhelamos; ésa es la clase de amor que ha creado al mundo y al hombre.”

El estudiante termina su alocución. Aplausos en la sala. Lidman se levanta, entonces, siguiendo el protocolario turno establecido, para pronunciar su discurso y dice:

GABRIEL LIDMAN: “Hay dos cosas primordiales según mi criterio, y que son mucho más importantes que las demás. Esas dos cosas son el pensamiento y el amor. Del amor ya hemos hablado hace un instante. En cuanto al pensamiento, habría también mucho sobre lo que profundizar, largo y tendido. Para tener pensamientos nobles es imprescindible tener valor; valor para exteriorizarlos y compartirlos. A mi modo de ver, son los pensamientos nobles los que nos conducen a la Verdad, a la verdad en esencia, y sin reservas. En la insistente búsqueda de esa verdad, mientras recorremos en la vida ese camino largo y tortuoso, hay que ser fiel a uno mismo. Tengamos el coraje de pensar con justicia. Recordemos las palabras del filósofo francés: un alma leal no necesita esconder sus pensamientos”. Gracias.” (Gertrud es leal y, sin embargo, se ve obligada a ocultar su amor).

Aplausos de nuevo del elegante auditorio. Hay que reconocerles que no se han extendido en sus discursos, y eso siempre es de agradecer en estos actos. La banda se dispone a irse por donde ha venido, con sus redobles de tambor, sus cantos y sus antorchas, porque ya ha chupado suficiente cámara. Ahora son dos chicas las que están con los pañuelitos en las escaleras dramatizando la canción, que seguramente habla algo de despedidas y tal.

Llegamos al momento del discurso de Gustav Kanim, con lo cual éste se levanta, se estira el chaleco y la levita y empieza a contar y a “cantar” las bondades de Gabriel Lidman.

GUSTAV KANIM: “Ilustrísimo Rector, damas y caballeros. Es para mí un gran honor que me ofrezcan la oportunidad de poder hablar esta noche de mi viejo amigo Gabriel Lidman. Gabriel Lidman es el aristócrata de nuestros poetas. Le caracterizan su franqueza y honestidad, virtudes que defiende contra viento y marea. Desaprueba a los mediocres aunque se escondan bajo una correcta apariencia noble. Su naturaleza está fuera de lo común; una extraña forma de ser. Su rostro refleja serenidad…(la cámara va ahora hacia Gertrud, que empieza a sentirse indispuesta, no sabemos si por el tremendo hastío y aburrimiento que le provocan los institucionales discursos para dar jabón al homenajeado o porque no ha llegado su amado Erlan Jhanson, que le dijo que estaría allí. El vecino de mesa de Gertrud se interesa por su estado de salud. La acompaña fuera de la sala para que se le pase el malestar. Un bedel les ubica en una sala contigua y ella toma asiento en un sillón de estilo. El discurso de kanim, por su lado, sigue adelante)… especialmente cuando se encuentra entre amigos. Cuando habla lo hace con un tono dulce parecido al de sus poemas, pero nunca resulta patético. Se expresa con prudencia…. A veces es irónico, pero nunca emplea una ironía mordaz. Él adora el silencio, su fuente de inspiración es el silencio. Así es Gabriel Lidman, Cada una de sus frases es como el filo de una espada. La pobreza en el vocabulario, las conversaciones insustanciales, la vaguedad en la expresión es algo, algo que le produce repugnancia. Rechaza sistemáticamente el sentimentalismo carente de contenido o simplemente vacío....”
 

ESCENA SEGUNDA / GERTRU, AXEL NIGREM Y GUSTAV KANIM


Gertrud y Axel charlando distendidamente

La acción de la película se traslada a la sala donde han llevado a Gertrud debido a su indisposición para que no la molesten. Es un salón amplio, de apariencia lujosa. Aunque la película es en blanco y negro, se intuye que el dorado es el ornato más abundante en los acabados de los muebles, paredes, puertas y filamentos de los tejidos, lo que contribuye a la sensación de estilizada frialdad del ambiente. Las puertas son grandes con molduras rectangulares. Varios juegos de tresillos y sillones, con tapizados de terciopelo, brocado o seda se distribuyen por ella, acompañados de mesitas centrales. Algunas alfombras visten el suelo. Aún así, todo se ve austero, sobrio y algo árido dentro de su elegancia Un bedel informa a Gertrud de que el profesor Nigrem desea verla y le hace pasar. En el fondo sigue resonando la voz de Gustav, repitiendo las mismas palabras que hemos oído antes. Es como un eco vacío de contenido, hueco. Gertrud y Axel Nigrem mantienen el siguiente diálogo:

GERTRUD: ¿Tú por aquí, Axel?
AXEL: Sí
GERTRUD: Creía que estabas en Paris
AXEL: Sí, lo estaba. Pero he vuelto por la celebración de Lidman,¿comprendes?
GERTRUD: Has sido muy amable viniendo a verme.
AXEL: Bueno, me han comentado que tenías un terrible dolor de cabeza. Yo sé lo que es eso y siempre voy preparado. Son unas píldoras fantásticas, son estupendas
GERTRUD: ¿De qué son?
AXEL: Son un compuesto especial
GERTRUD: ¿Son de Paris?
AXEL: Sí, todos los actores de Paris las conocen… ¿Sería tan amable de traernos un vaso de agua fría? –se dirige a una camarera-.
(Al invitado que había ayudado a Gertrud, visto que ya no es necesaria su presencia, ella le da la venia para que se marche -lo larga, vamos-. El hombre se retira discretamente a la sala de celebraciones. Le traen el agua y Gertrud se toma la píldora)
AXEL: ¿Y bien?
GERTRUD: Gracias ya me siento mucho mejor. Oh, Axel, me alegro mucho de volver a verte. No has cambiado en absoluto.
AXEL: Tú tampoco. Sigues teniendo esa aura mágica
GERTRUD: Mm. La última vez que nos vimos estabas trabajando en un libro.
AXEL: Sí, un libro que hablaba de la libertad de expresión.
GERTRUD: Me alegro de que sigas creyendo en la libertad de expresión, Axel. Mi padre era un tremendo fatalista. Nos enseñó que todo estaba predeterminado en la vida. Recuerdo que tú decías: “querer es elegir”. Pero papá decía: “Uno no puede elegir, todo lo eligen por nosotros. Uno no elige ni a su mujer ni a sus hijos; todo nos lo dan. El destino elige por nosotros. Es el destino quien lo determina todo.
AXEL: Ya sabes lo que pienso de todo eso
GERTRUD: Sí, y yo prefiero elegir a mis maridos por mí misma
AXEL: ¿Maridos en plural?
GERTRUD: Sí… ¿Vienes de París?
Axel sonríe
GERTRUD: ¿A qué te dedicas allí?
AXEL: A estudiar
GERTRUD: ¿Psicología?
AXEL: Sí, y psiquiatría; son campos complementarios
GERTRUD: Debe de ser apasionante
AXEL: No está mal. Somos un equipo de cinco o seis personas. Trabajamos todos juntos.
GERTRUD: ¿Cómo?
AXEL: Nos hipnotizamos los unos a los otros. Hacemos experimentos con la mente. Hemos encontrado una mujer que tiene un sexto sentido, es un fenómeno increíble. A veces discutimos; en ocasiones tenemos fuertes peleas
GERTRUD: ¿Sobre qué?
AXEL: Sobre distintos temas: psicosis, neurosis, sueños, símbolos.
GERTRUD: No sabes cómo te envidio
AXEL: Ven a verme a París cuando quieras, te divertirías
GERTRUD: No dudo que lo haría pero… (en ese momento ve el cuadro detrás de ella. El que representa a una mujer rodeada de perros y se sobrecoge un poco). Esa pintura, ese sueño; anoche tuve ese sueño…….El abogado kanim ya habrá terminado su discurso. En seguida estará aquí… Me alegro mucho de volver a verte, Axel. Es una pena que tengas que irte tan pronto (pongo la fotografía).


(Aparece Gustav Kanim)
GUSTAV: ¿Cómo te encuentras Gertrud? ¿Ya no estás enferma?
GERTRUD: Ahora me siento mucho mejor. Y todo gracias a una píldora contra el dolor de cabeza que me ha dado Axel
GUSTAV: Muchas gracias por cuidar de ella
AXEL: Bueno. No tiene ninguna importancia. Hasta la vista…y pórtate bien –dirigiéndose a Gertrud-
GERTRUD: Adiós, Axel. Espero que volvamos a vernos muy pronto
(Gertrud se levanta y se vuelve a sentar en otro sillón en medio de la sala, por cambiar un poco de plano, que el otro ya ha cumplido su misión. Gustav toma asiento en un sofá contiguo,
GUSTAV: Gertrud, tengo que hablar contigo y no puedo esperar. Ayer por la noche tu puerta estaba cerrada.
GERTRUD: Necesitaba dormir.
GUSTAV: Eso es imposible.
GERTRUD: ¿Por qué?
GUSTAV: Cogí un coche. Fui a buscarte a la ópera.
GERTRUD: ¿Estuviste en la ópera?
GUSTAV: Eso no es lo que te preocupa. Lo que quieres saber en realidad es si te vi en la ópera. ¿No es así? No dices nada para no mentir. En realidad no estuviste ni en casa, ni tampoco en la opera: esa es la verdad
GERTRUD: Gustav, ¿es necesario hablar de eso? ¿Crees que sirve de algo?
GUSTAV: No. Pero al menos quiero que sepas que si fui a la ópera no fue con intención de espiarte, sino porque estaba desesperado, desesperado porque quieres abandonarme.
GERTRUD: Por favor, no hablemos más de eso.
GUSTAV: Contéstame GERTRUD: ¿dónde estuviste ayer?
GERTRUD: Gustav, creo que deberías comprender que después de la conversación de ayer esa pregunta es absurda.
GUSTAV: Soy tu marido Gertrud. Sigo siendo tu marido
GERTRUD: No te reconozco. No sé quién eres. ¿Eres tú quién me habla así?
GUSTAV: Ayer, cuando me dijiste que ibas a la ópera, ¿eras consciente de lo que hacías?
GERTRUD: Sí, sabía lo que hacía, era consciente. Si no te dije la verdad, fue por no hacerte daño, no por cobardía. No quería herirte. Sabes que yo soy sincera.
GUSTAV: Sí, ya lo veo. Ninguna mujer debería ser tan sincera. Pero no dejaré que te vayas, puedes estar segura
GERTRUD: ¿Piensas encerrarme? Sé razonable.
GUSTAV: Pasarás la noche conmigo, la última noche. Luego podrás irte, adonde quieras. Incluso podrás caer en la deshonra, si eso es lo que quieres.
GERTRUD: No sabes lo que dices, Gustav. Voy a descansar un poco. Adiós

COMENTARIO PERSONAL


- El RIGOR INSTITUCIONAL: en estas dos escenas nos encontramos ante lo que yo llamo el “rigor institucional” en dos ámbitos: en el académico y en el del matrimonio, respectivamente (los perros en el sueño de Gertrud y en el cuadro que la ha sobrecogido).
 
Asistimos en la primera a un acto protocolario con toda su parafernalia de discursos grandilocuentes, llenos de palabras magníficas: Amor, Verdad, Nobleza…, y de altos ideales, que suenan vanos y afectados en ese contexto. El panegírico pronunciado por Gustav Kanim, encomiando a Gabriel Lidman, presupone en los hombres de letras una clase superior que desprecia a los mediocres, a los que no tienen vocabulario suficiente, ni declaman grandes “verdades sustanciales”, o sea al vulgo, que no es como ellos, ni mucho menos, los sublimes aristócratas de la cultura y del pensamiento. Los “uniformes” de gala, las condecoraciones, la formalidad y envaramiento ceremoniales, el desfile de los estudiantes que parecía el de una banda de soldados al ritmo de la marcha de su regimiento, nos presenta el mundo académico como una esfera cerrada, conservadora, jerárquica, tradicional… (el mismo estudiante en su discurso habla del amor erótico en términos de “recuperar la mejor de nuestras tradiciones”). En conexión con esta cuestión podemos distinguir dos asuntos engarzados entre sí:

*Libertad frente a conservadurismo y determinismo:
*El abismo generacional.
 
La generación anterior, la de los padres, portadora y responsable de la ideología vigente, se presenta como una generación conservadora y/o determinista, tanto en el discurso del estudiante “avanzado” como en el diálogo de Gertrud con Axel, aunque en principio no tenga nada que ver un concepto con otro. Sin embargo, yo creo que aquí están relacionados ambos. El estudiante, con sus hormonas a flor de piel, nos dice que la generación precedente a ellos consideraba el sexo como algo sucio. La nueva generación, tradicional y evolutivamente opuesta a la de sus ancestros, aunque sólo sea en algún aspecto aislado y al menos por un sentido de rebeldía ante la autoridad, quiere recuperar el gusto por el erotismo en las relaciones, y reivindica la unión del amor y del sexo, o en términos del chico, de los “corazones y sentidos”, como la clave fundamental para la vida.
 
Luego Gertrud comenta que su padre la educaba en el determinismo, en la creencia de que todo estaba ya prefijado de antemano, ante lo cual no hay posibilidad de rebeldía ni de lucha, sino que lo que cabe es la resignación, la aceptación y el estancamiento, elementos que, al conformar el carácter, entiendo que lo definen y confieren como conservador. Sin embargo, por un lado, el estudiante cree en la posibilidad de cambio en las mentalidades y lo demanda en relación al juicio social sobre el sexo. Por otro lado, Gertrud y Axel creen en la libertad de elección. Axel piensa que “querer es elegir” y Gertrud afirma su preferencia por elegir a sus “maridos” por sí misma (esto de los “maridos” en plural lo comento después). Gertrud en este sentido se muestra como “joven” y “rebelde”, persiguiendo el amor por encima de los prejuicios y de los credos sociales dominantes. Por eso su amigo Axel antes de irse le dice, como un guiño simpático: “… y pórtate bien”, como se le aconsejaría a una adolescente traviesa y díscola.

Los breves diálogos de Gertrud con Axel, uno ahora y otro al final de la película, son quizá los más distendidos, una muestra de entendimiento y afecto amistoso.

El otro ámbito del rigor institucional es el del matrimonio. Gustav manifiesta en la segunda escena su postura más rígida y conservadora. Si recordamos, antes de casarse con Gertrud le propuso la separación en el caso de que alguno de los dos se enamorara de otra persona. Sin embargo, ahora adopta su posición de marido y, como tal, en su valoración de los derechos y prerrogativas que le confiere ese status, se considera casi “dueño” de ella. Viendo que no le sería posible retenerla a la fuerza, para hacer valer su jurisdicción, en una última y desesperada prueba de fuerza coactiva, le exige pasar con ella la noche. En este caso no apela al amor que siente, sino al débito conyugal. Por supuesto, Gertrud no acepta tal imposición, en la que ni siquiera reconoce a su marido, que hasta este momento ha mostrado su cara más comprensiva y “liberal”.
 
En la forma de pensar común hasta no hace tanto tiempo, una mujer que abandonaba sus deberes matrimoniales para ir en pos del amor, era considerada una perdida, una adúltera depravada. Se le cerraba la entrada a los círculos sociales y era repudiada y desterrada, pudiendo ser víctima de todo tipo de desaires, como una típica Ana Karenina, Y esa es la mentalidad de la que hace gala Gustav cuando le dice: “…podrás caer en la deshonra..”. Sin embargo, para Gertrud, cuyo pensamiento es de muy distinta índole, el amor es sagrado y consagra todo lo que toca, incluida la entrega física. Por eso ella habla de maridos en plural, porque aunque se ha casado sólo una vez, también considera maridos a sus dos amantes. Digamos, que el sacramento no es el matrimonio, sino el amor, que bendice y santifica la unión de los que contraen un compromiso en su nombre, una unión mística.
 
En la escena con Axel, que estudia psicología y psiquiatría, se habla de los sueños, los símbolos, en proverbial relación con el sueño de Gertrud, alguno de cuyos perros han mostrado sus dientes en estas escenas. Pero ya comenté antes el significado que le otorgo, por lo que no insisto
 

ESCENA TERCERA / GUSTAV KANIM, GABRIEL LIDMAN, GERTRUD Y ERLAN JHANSON


(Entra Gabriel Lidman y habla con Gustav)
 
GABRIEL: Ah, estás ahí, ¿cómo se encuentra Gertrud?
GUSTAV: Ya se siente mucho mejor. Se está recuperando. Pero hablemos de ti, ¿qué tal te encuentras aquí en tu patria natal?
GABRIEL: Bueno, mi patria no está mal, aunque todo ha cambiado en estos años. Pero la gente no ha cambiado. La gente sigue igual, Kanim. La gente sigue siendo la misma. Por desgracia, anoche estuve con malas compañías, gente que no te recomiendo. Pero la compañía no tiene mucha importancia, Estaba allí para divertirme, aunque fuera entre desconocidos; gente a la que no doy ninguna importancia... (se quedan callados un rato, prestando atención a una música que suena, la de Erlan Jhanson, suponemos). ¿De qué estábamos hablando? ¿Sabes?, quiero volver a Roma. Allí me siento más a gusto. Por cierto, he oído que vas a ser ministro.
GUSTAV: Eso dicen por ahí. Si creyésemos todo lo que dicen los periódicos.
GABRIEL: ¿Por qué no? Siempre hay que creer en algo.
 
(Viene un lacayo para decir que el Ilustrísimo Rector requiere la presencia de Kanim para hablar con él. Kanim atiende el requerimiento y sale.)
 
(Entra Gertrud en la sala. Gabriel se dirige a ella).
 
Gertrud y Gabriel Lidman algo mohínos por las noticias sobre Erland
 
 
GABRIEL: Ven, siéntate aquí (otro sofá cerca de la puerta). Sigues siendo muy joven. Pareces una recién casada… Oh, sí
(Gertrud toma asiento)
GERTRUD: Oh, la luz me hace daño en los ojos (qué delicada está la señora. Gabriel se levanta para apagar una lámpara y vuelve a sentarse a su lado). ¿Te ocurre algo? No pareces muy contento.
GABRIEL: Estoy bien. Sólo que ayer por la noche estuve con malas compañías. Pero qué más da eso. Este mundo no es más que un tránsito. El mundo no significa nada.
GERTRUD: Antes en cambio lo esperabas todo de la vida. Tenías confianza, esperabas muchas cosas. Ahora te has convertido en un hombre famoso y dices que el mundo no significa nada. ¿Qué ha ocurrido desde entonces, Gabriel?
GABRIEL: Oh, sí, de repente me siento viejo. Aquí me siento como un extraño. Me pregunto por qué he vuelto.
GERTRUD: Yo iba a hacerte precisamente la misma pregunta.
GABRIEL: Creo que sentía algo de nostalgia, sobre todo de una calle; una calle por la que paseaba por frecuencia. Un día, hace años, lloré en esa calle a plena luz del día.
GERTRUD: Sí, yo también he llorado mucho. A veces es un gran alivio. Pero dejémoslo; hablemos de algo diferente. Has vuelto como un auténtico triunfador
GABRIEL: Triunfador… Sí. Creo que no estamos hablando de lo mismo. He perdido la única batalla que me importaba en realidad. Gertrud, ¿por qué me abandonaste? Pero es mejor que no hablemos de eso. Decía que anoche estuve con malas compañías. Unos amigos me convencieron para que fuera a una fiesta a casa de una señorita, ya sabes, una señorita de esas de moral un tanto dudosa, Constance.
GERTRUD: En la calle Flora.
GABRIEL: ¿Cómo lo sabes?
GERTRUD: Bueno, he oído hablar de ella. Es bastante conocida.
GABRIEL: Ya. Hombres sin duda mucho más sabios que yo se sentaron a la mesa de las cortesanas.
GERTRUD: Bien. ¿Y qué pasó después? Has despertado mi curiosidad.
GABRIEL: ¿Qué es esa música que tocan? No la conozco.
GERTRUD: “El canto de la noche”, de Erlan Jhanson.
GABRIEL: Ah, sí. Ya lo recuerdo. Lo he oído en Roma. Sentí una intensa emoción cuando supe que el autor de la melodía era un compatriota. Es una buena melodía.
GERTRUD: Sí, es muy bonita. Tenía entendido que Erlan Jhanson iba a tocar aquí esta noche.
GABRIEL: Sí, eso creía. Pero no tiene importancia. En realidad no me gusta demasiado.
GERTRUD: ¿Le conoces?
GABRIEL: Sí, por desgracia. Hubiera preferido no conocerle.
GERTRUD: ¿Ah sí? ¿Dónde le conociste? Yo también le conozco
GABRIEL: Gertrud, Gertrud, ¿por qué me abandonaste?
GERTRUD: Oh, un momento, un momento, no cambiemos otra vez de tema. Creía que querías hablarme de la fiesta de anoche.
GABRIEL: Anoche conocí a Erlan Jhanson. Llegó tarde. Era uno de los invitados.
GERTRUD: Ah, sí. Tú por lo que veo no les haces ascos a las cortesanas. Él también puede hacerlo, ¿no?
GABRIEL: Sí, por supuesto. Y no le critico por ello. Pero pide a los demás que no vayan contando por ahí lo que hacen.
GERTRUD: ¿Por ejemplo?
GABRIEL: Presume de tener muchas amantes.
GERTRUD: Sí, es verdad, eso no está bien.
GABRIEL: No. Bueno, en aquel ambiente de alcohol, juego y adulterio no tuvo ningún miramiento en sus palabras. Hablo en voz alta de su última conquista (Gertrud, claro). Incluso dijo su nombre, el nombre de su amada (Gabriel se levanta y se pone detrás del sofá). Gertrud, he cometido un error contándote esto.
GERTRUD: No lo sé, ya no estoy segura... No, da igual
GABRIEL: Tenía que decírtelo. Me parecía necesario, necesario.
GERTRUD: Sí, sí era necesario…..Oh, Gabriel, ayúdame a comprender todo esto.
GABRIEL: Yo tampoco lo comprendo. Ni siquiera yo soy capaz de comprenderlo. Es algo difícil de entender, muy difícil de entender.
GERTRUD: Debía de estar trastornado
GABRIEL: No, no creo que fuera eso. Pero había bebido mucho y es muy joven.
GERTRUD: Sí, sí. Es demasiado joven
GABRIEL: Y pertenece a otro ambiente
GERTRUD: Sí…, sí
GABRIEL: Gertrud, ¿romperás con él por esto?
GERTRUD: Yo le quiero. Yo le quiero tanto.
GABRIEL: Pero es una locura, Gertrud.
GERTRUD: Sí
GABRIEL: Tú eres la que decide. Nadie puede aconsejarte
GERTRUD: No….Yo ya sabía que era una locura. Pero tenía… tenía tan poco que perder, Gabriel. Había un vacío tan grande en mi vida y me sentía tan sola.
(Gabriel se vuelve a sentar a su lado en el sofá)
GABRIEL: Anoche mi vida quedó hecha pedazos. Cuando ves que la juventud arrastra por el barro lo que más amabas. Cuando ves arrastrado lo que más amabas en el mundo, de repente empiezas a sentirte viejo. Oh, Gertrud, ¿por qué hemos tenido la desgracia de encontrarnos de esta forma? Las cosas nunca ocurren como uno las imagina.
GERTRUD: Entonces, ¿de qué forma te las imaginabas, Gabriel? (Gabriel, el sensible poeta, se pone a llorar, aunque me temo que no nos conmueve). Gabriel, Gabriel, te lo estás tomando demasiado a pecho. No, no te vayas, no, por favor, no te vayas (pero Gabriel se va).
 
(Entra Gustav Kanim con Erlan Jhanson)
GUSTAV (todo ceremonioso): Gertrud, el Ilustrísimo Rector me ha dicho que esperaba tener el placer de oírte cantar esta noche.
GERTRUD: ¿Y tú qué le has contestado?
GUSTAV: Le he dicho que intentaría convencerte para que cantaras. Pero que, de todas formas, no le prometía nada
GERTRUD: Bien, no me importa cantar. Pero ¿dónde lo haré?
GUSTAV: Aquí mismo.
GERTRUD: ¿Quién hará el acompañamiento?
GUSTAV: El señor Erlan Jhanson lo hará.
ERLAN: Pero aquí no hay piano
GUSTAV: No tiene por qué preocuparse. Yo me encargo de eso.
 
Gertrud se dispone a cantar acompañada al piano por Erland
 
(Se abren las puertas de la sala y aparece otra amplia sala contigua de las mismas características, aunque sólo con un piano de cola ocupando el centro y una lujosa araña. El resto se ve desierto. Unos bedeles acercan el piano hacia las puertas comunicantes. Entra el Rector y empieza la audición. Gertrud canta acompañada al piano por Erlan. Ella no puede más y se desmaya. Demasiadas emociones juntas).
 
Gertrud comienza a sentirse indispuesta
 
Gertrud desmayada. Véase la composición simétrica, como en toda la película
 
 

COMENTARIO PERSONAL

 
En este acto, Gertrud va vestida de blanco, como una recién casada, como bien observa Gabriel. Ella acaba de pasar su “noche de bodas” con Erlan. Se siente blanca, luminosa, llena de vida, feliz, consagrada por el amor, como si se hubiera casado de verdad. Pero esa noche, Erlan no aparece a la celebración al principio. Y luego, de pronto, de boca de Gabriel, el mazazo. Recibe la noticia de que Erlan presume de su relación con ella, como la de una amante más entre muchas, en este caso la última. Y lo cuenta entre personas de mala nota que no tendrán ningún miramiento al respecto. Para Erlan, Gertrud sólo parece ser una muesca más en la cabecera de la cama. Declarar el nombre de una dama en estas circunstancias de relación “ilícita” significaba manchar su nombre, arrastrarla por el barro, como manifiesta Gabriel. Éste y Gertrud, dada la delicadeza y nobleza de ambos, no entienden su comportamiento indiscreto e indigno, y lo explican aludiendo a la juventud de él, a la bebida y a que pertenece a otra condición social. No conocerán algunos dichos españoles al respecto: “comerse una y contarse veinte” o “el hombre disfruta más contando que folla que follando”, con perdón. Ni tampoco habrán oído contar la anécdota de Luis Miguel Dominguín y Ava Gadner, cuando lo primero que hizo el torero al salir de la alcoba de la actriz fue ir a la taberna a contar la hazaña a los amigos. En fin, el chavalín, el Erlancito, es toda una joyita. No sé qué le ha podido ver ella, excepto que es un buen músico, algo es algo.
 
En la siguiente entrega hablaremos más de Gabriel.
 
A continuación el fotograma cartel separador de actos dice:
 
TU CORAZÓN SE HIZO MUY PESADO, ARDE DE DOLOR Y DESEO. PERO ABSORBE TODO LO QUE PUEDE Y LUCHA POR SU AMOR.
 
Así es, Al día siguiente, Gertrud se cita con Erlan en el parque y lucha por su amor. Aunque creo que siempre supo, en su fuero interno, que su relación con él era desigual, una locura, y un sueño irrealizable, sólo producto de su necesidad de amor y de su solitaria vida de casada.


ACTO CUARTO / ÚNICA ESCENA / GERTRUD Y ERLAN JHANSON



Esta escena de despedida y desamor se desarrolla en el parque que ya conocemos. Vemos a Gertrud sola, sentada al lado de la estatua de la Venus Capitolina, como me ha chivado un amigo, esperando a Erlan. La estatua y ella parecen formar una unidad, una figura solitaria y medio inanimada en medio de un parque vacío. La escena tiene un paralelo contrario con el primer encuentro. Entonces era Erlan el que esperaba y el que solicitaba. Ahora, que ya ha sido consumada la unión física y satisfecho el deseo de Erlan, es Gertrud la que, digamos, se arrastra. 

 
ERLAN: ¿Llevas aquí mucho tiempo?
GERTRUD: Sólo unos minutos.
ERLAN: No he podido venir antes. Tienes muy mal aspecto.
GERTRUD: Ya lo sé. Pero tenía que hablar contigo.
ERLAN: Anoche estabas muy mal. Estaba preocupado por ti.
GERTRUD: Ya sabes cuál es mi situación. Había tenido una discusión con mi marido.
ERLAN: ¿Se puso violento?
GERTRUD: ¿Cómo puedes pensar eso?
ERLAN: Bueno, él está enamorado de ti y tú quieres abandonarle.
GERTRUD: La maldad no forma parte de su naturaleza.
ERLAN: Sí, eso parece. A mí me pareció simpático. ¿Qué es lo que le reprochas? ¿Por qué quieres divorciarte? Podríamos seguir siendo buenos amigos.
GERTRUD: Erlan, quiero irme. Quiero marcharme lejos de aquí.
ERLAN: Entonces, ¿has venido aquí para despedirte?
GERTRUD: Eso depende de ti.
ERLAN: ¿Qué quieres decir?
GERTRUD: Erlan, ven conmigo.
ERLAN: Eso es imposible.
GERTRUD: ¿Es porque no tienes dinero?
ERLAN: Exacto.
GERTRUD: Tú no tienes. Pero a mí me sobra.
ERLAN: Me vería obligado a vivir de tu dinero.
GERTRUD: Sí
ERLAN: Tú me despreciarías.
GERTRUD: Creo que no sabes lo que significa el amor, Erlan
ERLAN: Me despreciaría a mí mismo.
GERTRUD: ¿No es eso lo que estás haciendo en este momento?
ERLAN: Sí, quizá. Pero cuando sé que necesito hacer algo, lo hago., He de confesarte que a pesar de todo fui a la fiesta que celebraban en casa de esa chica, Constance… Necesitaba ir
GERTRUD: Sí, sí, lo necesitabas. Sí, necesitar, la palabra que lo explica todo. Erlan, ¿de verdad es el dinero la única razón por la que no puedes venir conmigo?
ERLAN: Gertrud, tengo que pensarlo.
GERTRUD: Tú eras quien decías que para querernos no era necesario que me divorciara. No eres justo.
ERLAN: Es curioso, eso no es lo mismo que pensabas anteayer.
GERTRUD: Oh, Erlan, ¿cuándo llegará el día en que hablemos el mismo idioma? Erlan, te quiero, ven conmigo. No es necesario que nos casemos todavía (Huy, “todavía”. O sea, que entra en sus pretensiones el pasar por la vicaría). El amor no entiende de esas cosas. Ven conmigo y cuando ya no me quieras, entonces podrás dejarme.
ERLAN: Ya. ¿Y después?
GERTRUD: Después… Después ya nada importará.
ERLAN: Gertrud, no puedo ir contigo, no soy libre.
GERTRUD: ¿Has dicho que no eres libre?
ERLAN: Sí. Ella es mayor que yo. Me ayudó mucho cuando estaba en apuros. Me echó una mano cuando estaba sin blanca. Además está esperando un niño.
GERTRUD: ¿Y a pesar de todo eso no me dijiste nada?
ERLAN: ¿Cómo te lo iba a decir? No podía hacerlo.
GERTRUD: ¿Qué pensaste de de mí?
ERLAN: Que buscabas una pequeña aventura. Eso es lo que pensaba.
GERTRUD: Y ahora la aventura ha terminado.
ERLAN: ¿Aún estás enamorada?
GERTRUD: Sí, te amo. Pero todo ha terminado. Yo me voy y tú te casarás.
ERLAN: Gertrud, ven conmigo.
GERTRUD: ¿Adónde?
ERLAN: A mi casa.
GERTRUD: Te quiero. Pero tú no me quieres a mí. En ese caso, no quiero ser tuya.
ERLAN: Está bien… (hace intención de irse. Pero se vuelve). No, no te amo. Si te amara, iría contigo sin dudarlo ni tan siquiera un instante. Sí, sueño con una mujer. Pero esa mujer no eres tú. Sueño con una mujer inocente, casta y pura. Pero tú eres demasiado orgullosa. ¡Maldito orgullo! Pero no creas que es el clásico orgullo que podría encontrarse en una gran dama. Es tu alma la orgullosa.
GERTRUD: Déjame sola, Erlan
ERLAN: Gertrud, perdóname. No podemos despedirnos así. Perdóname
GERTRUD: ¿Perdonarte? Me gustaría tener fe en algún dios, para poder pedirle que te protegiera.
ERLAN: ¿No crees en Dios, Gertrud? (sólo a estos directores nórdicos se les ocurre hablar de Dios en un momento así, jejé)
GERTRUD: ¿Y tú?
ERLAN: No sé. Supongo que debe de haber algún díos en alguna parte, si no en la vida nada tendría sentido
GERTRUD: Sí, ahora debes irte.
(Erlan se aleja)
 
AHORA TU SUEÑO SE VIENE ABAJO. SÓLO QUEDAN LOS RESTOS, REALES FIRMES Y DUROS COMO UNA PIEDRA. FUISTE FIEL A ESE SUEÑO DESDE LA PRIMAVERA DE TU VIDA. TU DOLOR ES CLARO Y TU VOLUNTAD PURA. EL SOL SE PONE MIENTRAS SIGUES CAMINANDO.
 
 

COMENTARIO

 
Aprovechando que este acto es más corto, vamos a desarrollar aquí la “ideología” amorosa de Gertrud. El ideal o anhelo que defiende y busca nuestra protagonista contra viento y marea y caiga quien caiga, más que el del amor en sí, yo lo llamaría de “correspondencia y reciprocidad” en el amor. No se trata el suyo del amor unilateral de fuerza centrífuga que da sin esperar nada a cambio, ya sea a una persona, a tres o de forma universal, sin distinciones. Es claramente el ideal romántico de la pareja, hombre y mujer, dos y nada más que dos. A Gertrud no le basta con sentir ella misma el amor, no le es suficiente su propio sentimiento, sino que necesita un paralelo o alter-ego masculino, lo que se llama un “alma gemela,” con el que converger en la misma línea de interés y entrega para poder así alcanzar la plenitud. Su amor no se retroalimenta de sí mismo, no recarga las pilas con su propia energía emocional, sino que requiere una prueba externa, absorber de otro, ajeno a ella, una afinidad común, un sentimiento recíproco e igualitario. De lo contrario sucumbe y desfallece; se disuelve en su propia frustración. Aunque continúe existiendo como idea abstracta, no llegará a concretarse nunca.
 
A Gertrud no le vale cualquier tipo de correspondencia. Quiere recibir lo que da: entrega absoluta, total y exclusiva. Esta forma de sentir es más bien propia de lo que entendemos por “pasión” que del amor, un sentimiento de consideración más altruista. La pasión, por el contrario, es exigente y posesiva. Su fuerza es centrípeta.
 
Ahora bien, yo creo que Gertrud busca un equilibrio de ambos vectores de fuerzas, dador y receptor, la fría balanza de lo que es justo, igual que el elegante y gélido equilibrio del ambiente de la película. Además, calificaría la pasión de Gertrud como sublime, una sublimación que puede rozar al ridículo y la cursilería en algunas ocasiones (como en el diálogo con Erlan antes de entrar en la alcoba). No pienso que la suya sea una pasión vulgar que convierta en mero objeto a la persona que desea. Para ella, lo que siente es de tal pureza y belleza, de tal magnitud e importancia, que no puede aceptar nada que no se le iguale, porque hacerlo significaría degradarlo, ensuciarlo. Por esto es por lo que Erlan la tacha de orgullosa cuando ella se niega a ir a su casa a repetir el contubernio de los cuerpos. Y como él dice, no es el orgullo del que podría hacer gala una gran dama sino que es su “alma la orgullosa”; es decir, nota en ella algo que le es inalcanzable y que él califica como orgullo, pero en realidad no creo que sepa dónde radica ni en qué consiste.
 
En este sentido, alguien me decía que lo que ocurre con Gertrud es que ella se cree la Reina de Saba. Se considera merecedora de todas las inmolaciones en aras de la obtención de sus favores y de su amor. Busca vampirizar a hombres importantes o con algún talento, de tal forma que ellos renuncien a sus justas ambiciones y lógicas aspiraciones por ella, para así satisfacer su enorme vanidad. Yo no estoy del todo de acuerdo con esta apreciación, por lo que he dicho antes. No es la consideración de sí misma la que lleva a Gertrud a su implacable exigencia de correspondencia y reciprocidad, sino su elevado y sublimado juicio sobre lo que es el amor (amor-pasión).
 
Como veremos en el próximo acto, para Gertrud el amor es sinónimo de bondad y belleza, o sea el summum de los summums (o summa), un milagro en definitiva, como ella manifiesta. Y el hombre, por sus ambiciones mundanas de triunfo, fama, poder, etc., desprecia el amor de la mujer, y con él la bondad y belleza que podrían alcanzar juntos. Ella renunció a su carrera artística de cantante, parece que exitosa, para hacer del amor, el arte más puro y esencial de la vida, su centro de interés. Y busca alguien del otro sexo lo suficientemente interesante para lograr atraerla, alguien que tenga algo que ofrecer, para el que el amor sea tan importante como para ella y capaz de realizar la misma renuncia, en perfecta reciprocidad. Sin embargo, lo que ha encontrado no ha sido precisamente eso, sino la mediocridad en el intercambio amoroso. Ella ha visto que el hombre, en relación a la mujer, se interesa únicamente en los placeres carnales y desprecia el sentimiento, con lo cual ella ha sentido que su entrega ha quedado manchada, mancillada, enlodada, acabando por sentirse asqueada y avergonzada de dejarse utilizar así.
 
El diálogo de este acto, entre Gertrud y Erlan ha disipado todos los malentendidos. Él confiesa que sólo la ha visto como una aventura, que ni la ama, ni significa nada para él y que está comprometido con otra. Y ella, aunque enamorada, se ve obligada a decirle adiós, porque no puede encontrar en él la correspondencia que desea. Erlan, por su parte, tiene su propio ideal, aunque no es ni mucho menos fiel a él en su persona. Es una exigencia que se establece para las mujeres, no para los hombres. Como muchos, quiere encontrar para casarse una chica inocente, casta y pura, aunque ni él sea inocente ni casto ni puro, y además esté corriendo lo suyo con chicas que tampoco son castas y puras precisamente, sin contar a Gertrud.
 
Erlan ha mantenido un engaño hasta que ha conseguido sus propósitos, aunque no sé si se puede decir en su favor que no pensaba que Gertrud fuera más en serio que él. Se hace el digno, al poner como excusa al principio que no puede irse con Gertrud por causa del dinero, y luego resulta que es un mantenido de la mujer con la que se va a casar, mayor que él y a la que ha dejado embarazada. Imaginamos que ella tampoco corresponde al ideal de la inocente, casta y pura, sino que se casa con ella más bien por agradecimiento y comodidad. Aunque, realmente, lo de la castidad y la pureza parece otra excusa y coartada grandilocuente de Erlan para desaparecer dignamente del plano para no comprometerse y proteger su libertad. No creo que este chico tenga demasiados principios éticos. Cuando la suerte está echada y Gertrud le ha dado “pasaporte”, entonces Erlan se destapa y dice lo que realmente siente: que no la ama. Esa es la única y pura verdad. Gertrud ha sido una ingenua, creyendo anteriormente en palabritas tiernas de semejante catacaldos inmaduro. O quizá en realidad no creía en ellas, sólo ha querido soñar que creía. Más bien va a ser esto último. El caso es que todo termina entre ellos. Sin embargo, a diferencia de la ruptura con Gabriel, en la que ella se siente defraudada y traicionada y la rabia la domina por un instante, rompiendo una foto, en esta ocasión Gertrud se muestra tremendamente tranquila, como si hubiera profundizado en el amor hasta llegar a extremos de generosidad y de entrega insospechados. Aunque no puede irse con Erlan y él la ha engañado, pronuncia un deseo bastante hermoso: “Me gustaría tener fe en algún Dios, para poder pedirle que te protegiera”. Es posible que tampoco pueda enfadarse porque, en el fondo, ella sabía que todo era un sueño de su imaginación, nada real.
 
Ya hemos hablado antes de la realidad y los sueños. Pienso que se dan dos tiempos y planos distintos en el desarrollo de esta correlación en función de la fe y de la experiencia de la protagonista. En primer lugar, nos encontramos en el plano de “EL SUEÑO DE LA REALIDAD”. Éste es el que vive Gertrud con Gabriel Lidman. Ella piensa que el amor que está viviendo con él es real, hasta que un gesto y unas palabras de Gabriel, como ya se verá, le hacen comprender que vivía una mentira, un sueño, ya que lo que ella creía que era compartido por Gabriel, no era tal, sino que sólo lo experimentaba ella unilateralmente. Esto yo creo que mata su corazón, su capacidad de amor real, aunque no su anhelo metafísico, tal es la delicadeza y fragilidad de un ideal tan puro y noble en una realidad tan dura y desilusionante. Posteriormente Gertrud, asqueada, se lanza a una vida de placeres físicos que la llevan a su matrimonio y que a la postre la hacen sentir insatisfecha. Y vuelve a su sueño. Pero esta vez ya no cree en la posibilidad de que el amor pueda llevarse a cabo en la realidad y se traslada al mundo de los sueños, tan inalcanzable como ellos. Nos encontramos en el plano de “EL SUEÑO DEL SUEÑO”, el que vive con Erlan Jhanson, que también resulta fallido, un espejismo. Si bien, en ambos planos, el dolor resultante de la protagonista es real y los restos del naufragio de la nave de los sueños, también son reales, duros y pétreos, como pone en el cartelito. El corazón, que ya quedó roto después del primer embate, no ha perdido su capacidad de sufrimiento, sólo perdió la de la dicha en su ruptura con Gabriel. Por eso ahora una de las frases lapidarias de Gertrud es: “El amor es sufrimiento. El amor es infortunio”. Y viene el mundo de los sueños, el de las imágenes oníricas, a corroborar ese infortunio y la soledad en la que nos encontramos con nuestros ideales, situados en una dura realidad que los destruye, como ya vimos antes. Después de todo esto, la única opción que queda es huir y vivir apartados. Éste es el pesimista paisaje y mensaje de la película. El amor, el único remedio imaginable para este mundo de realidades duras y dañinas como perros furiosos, no tiene remedio.
 
Yo creo que todos nos preguntamos al ver esta película o, al menos, yo me lo pregunto, por qué Gertrud desprecia de forma tan clara a Gabriel y a su marido, dos hombres dignos, buenos, inteligentes y cultos y que, a su modo, la quieren bastante y, sin embargo, hubiera estado dispuesta a irse con Erlan en el caso de que él hubiera querido, hasta que se cansase de ella, siendo el chico un poco botarate y majadero.
 
La misma persona que decía que Gertrud en realidad se considera la reina de Saba y que la función crucial que ella se ha trazado en la vida, como himno a su grandeza y satisfacción a su vanidad, es buscar la sumisa veneración de hombres esclavizados a sus pies en pos de la falacia del amor auténtico, fagocitando la voluntad de sus amantes como una mantis religiosa, comentaba a este respecto que Gertrud lo que quiere, al plantearse irse con Erlan, es dar en las narices a esos dos burgueses bienpensantes que son Gustav y Gabriel, parapetados y acomodados en sus nichos de gloria, para espetarles y restregarles que son unos cretinos insensibles que no supieron entregarse a ella cuando les dio la oportunidad, por lo cual les desprecia ahora que suplican sus atenciones. Sin embargo, Gertrud quiere demostrarles que, al contrario que ellos, sí es capaz de dejarlo todo, de sacrificar su cómoda vida burguesa, de poner en peligro su reputación para entregarse en cuerpo y alma y en cierta medida esclavizarse a los deseos de un chico pobre, de clase baja, de dudosas cualidades morales y que quizá no merece tanto la mágica y sagrada ofrenda del amor como ella la mereció de los dos. Es su personal inmolación al amor, ya que ella no la ha podido obtener de ningún hombre, el último y excelso sacrificio que a sus ojos la engrandece, mientras empequeñece a los otros dos hombres de su vida. Pero, al no dar resultado tampoco, porque Erlan no la ama ni un ápice, ni el mínimo necesario, sólo le queda retirarse del mundo de los hombres y del amor, aunque éste último persista siempre en ella como un ideal, un anhelo místico que no ha podido encontrar realización ni culminación.
 
Sin embargo, yo creo que la explicación no va del todo por ahí ni quizá tan lejos, aunque algo de eso puede haber. Si Gertrud hubiera querido sólo satisfacer su vanidad, lo hubiera hecho mejor a través de sus cualidades artísticas, ya que era una cantante famosa y talentosa, situación que ella sacrifica por algo que considera más importante: el amor. Tenemos que volver, por tanto, a su concepción del amor.
 
Como todo ideal absoluto, puro, que busca la perfección, no acepta concesiones, ni relatividades, ni medias tintas. No perdona debilidades “humanas”. En ese sentido es un amor deshumanizado, que rezuma la fría trascendencia de lo inmaterial, lo etéreo y lo metafísico. Gertrud es implacable, demoledora, hasta cruel en su exigencia de perfección en la correspondencia amorosa. Una vez que todo ha terminado, no hay vuelta atrás. Su corazón se endurece ante el que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Su amor por él se va deshaciendo hasta desaparecer. En realidad, como comentaba antes, no es amor lo que Gertrud siente, porque el amor acepta todas las debilidades, las comprende, las perdona y las acoge en su cálido seno. El amor no necesita ser correspondido y se mantiene siempre, inasequible al desaliento, inamovible. No cambia de la noche al día por una desilusión, ni se deshace en pedazos porque la persona a la que ames no sea como tú esperabas, ni piense lo mismo que tú, ni cumpla con tus expectativas, ni haga lo que esperas.
 
Pero Gertrud entiende otra cosa por amor, ya lo hemos visto: la realización en pareja del ideal romántico. En ese sentido, es fiel a sí misma siempre, coherente con sus deseos y no tiene miedo de hacer y decir lo que piensa al respecto. Cuando Gabriel Lidman pronuncia su discurso y en él habla del amor y de la nobleza de pensamiento, sus palabras más bien representan a Gertrud que a él mismo, ya que Gabriel, siendo considerado el poeta del amor-pasión, del amor erótico, nunca supo ser fiel a lo que predicaba. “Un alma leal no necesita esconder sus pensamientos”, dice Lidman. Y Gertrud no sólo no los esconde, sino que su marido incluso le dice: “una mujer no debería ser tan sincera”.
 
Gertrud amó a Gabriel Lidman, pero por lo dicho, porque él era frío y distante y no la amó en su momento y buscaba en ella sólo placeres carnales, ya no le puede amar, aunque ahora él, decepcionado y lleno de escepticismo frente a lo que representa el éxito y la fama literaria, haya adoptado el principio amoroso gertrudiano y esté en disposición, más que nunca, para corresponder a Gertrud. Pero él eligió en su día la búsqueda de la fama y ya no hay remedio, no hay recuperación posible de lo perdido.
 
Tampoco Gertrud puede amar a su marido, porque en realidad nunca le amó, sólo le gustaba y se acercó a él probablemente por despecho, buscando lo mismo que habían buscado los hombres en ella: placer físico. Ella reconoce que él es un buen tipo, incapaz de una maldad y lleno de otras muchas cualidades. Pero Gustav está muy lejos de poder ser el candidato que ella necesita para sentirse completa y realizada como mujer. Para Gustav, un hombre práctico y ambicioso, el amor es secundario frente a otras actividades vitales y nunca podría corresponder a los anhelos ensoñadores de Gertrud.
 
Y nos queda el joven Erlan. Parece pertenecer a esa nueva generación que quiere recuperar el amor como la “mejor de las tradiciones”. En un principio aparece como un chico romántico, un músico sensible y bohemio. La ambición de triunfar como músico no parece que esté dentro de sus prioridades, sino que más bien piensa en divertirse y pasárselo bien entre sus amigos y las prostitutas de rigor. Yo imagino que Gertrud ve en él un buen candidato para realizar su sueño. Siendo ella una cantante famosa y siendo su mundo artístico, por tanto, el musical, entiendo que ella busca convertirse, no sólo en su musa inspiradora, sino en la que le ayude a componer sus mejores obras. Por otro lado, siendo ella rica y él pobre, ella también puede proporcionarle los medios necesarios para que pueda dedicarse a cultivar su mutuo amor y a crear, estimulado y alentado por ese amor. En definitiva, Erlan podría pertenecerle más que los otros dos, cuyos caminos ya fueron trazados lejos del suyo. Pero, como hemos visto, esta posibilidad también se volatiliza en la nada.


ACTO QUINTO / GERTRUD, GABRIEL LIDMAN Y GUSTAV KANIM



(Este acto se sitúa en casa del matrimonio. Gabriel ha sido invitado por Gustav a pasar la velada vespertina con ellos. Después de la cena entra una criada para decir que llaman por teléfono a Gustav. Éste se disculpa con Gabriel que está en la sala que ya conocemos, la misma del primer acto, y sale de escena. Gabriel entonces coge unas cerillas y se dispone a encender los candelabros que adornan los laterales del famoso espejo que le regaló a Gertrud [si recordamos, Erlan, en la escena de la “noche de autos” de la consumación sexual, enciende dos candelabros que se sitúan a los lados de una partitura enmarcada. Espejo y partitura son representaciones simbólicas de lo que a Gertrud une con los dos personajes: placer y música, respectivamente]. A continuación aparece Gertrud, toda vestida de negro, en contraste con el blanco que lucía la noche anterior. Me recuerda a un personaje de “La Gaviota” de Chéjov a la que le preguntan por qué viste siempre de negro. Ella contesta: “voy de luto por mi vida”. Pues Gertrud igual. La noche anterior vestía el blanco de la felicidad en el amor y ahora viste el luto del desamor. Se produce un encuadre fantástico: al entrar, por un momento, vemos a Gertrud a través de su imagen en el espejo, como si quedase atrapada en él. Y Gabriel la mira ahí. Este momento es totalmente simbólico. Nos adelanta que Gabriel viene a buscar a Gertrud, quizá para volverla a encerrar en el espejo de los placeres. Luego cambia el plano.)

El simbólico encuadre de Gertrud en el espejo
 
 
 
GERTRUD: No sabía que estuvieras aquí, Gabriel
GABRIEL: Sí. He venido a despedirme de vosotros. Me voy mañana.
GERTRUD: ¿Tan pronto?
GABRIEL: Si, ¿y tú, te quedas aquí?
GERTRUD: Oh, no. Yo también me voy. Aquí me siento perdida, perdida y sola.
GABRIEL: Gertrud, tú te vas, y yo también. ¿Por qué no nos vamos juntos y vivimos juntos?
GERTRUD: Oh, Gabriel, no sabes lo que estás diciendo.
GABRIEL: Gertrud, ¿anoche no oíste cómo mi corazón te llamaba? ¡Cómo te llamaba! Todo era por ti. La nos nostalgia de mi país era por ti. Y si he vuelto es porque quería oír tu voz y volver a verte una vez más (una foto del momento. Como se ve hablan sin mirarse).
 
 
GERTRUD: ¡Qué extraño resulta todo esto!
GABRIEL: Sabía que estabas casada. Pero pensé que quizá sintieras un vacío en tu vida y necesitaras llenarlo. Las cosas nunca ocurren como uno las imagina.
GERTRUD: No, no, las cosas nunca ocurren como uno las imagina.
GABRIEL: Gertrud, ¿has amado a tu marido? Respóndeme.
GERTRUD: ¿Amado? No…, no lo sé ¿Y tú?, ¿recuerdas tu profesión de fe? Era uno de tus poemas.
GABRIEL: ¿De qué estás hablando?
GERTRUD: Uno no puede acordarse de todo. Ésta era tu profesión de fe: “Creo en los placeres carnales y en la soledad irremediable del alma”.
GABRIEL: Es cierto. Parece uno de mis poemas.
GERTRUD: Yo no lo he olvidado. Me dijiste esas palabras cuando creía que la felicidad que compartíamos era algo real. Tú acabaste con mis sueños y todo acabó entre nosotros. Me…, me refugié en los placeres carnales. Y el resultado fue mi matrimonio.
GABRIEL: Lo suponía, Gertrud. Ven conmigo.
GERTRUD: No, Gabriel, para mí ya sólo queda la soledad.
GABRIEL: Entonces, ¿quieres decir que has roto con ese tal Erlan Jhanson?
GERTRUD: Sí. Para él no soy nada.
GABRIEL: Gertrud, ven conmigo.
GERTRUD: (se levanta y se acerca a Gabriel, cogiendo su rostro entre sus manos y mirándole a los ojos) ¿Cómo puedes creer que es posible resucitar algo que está muerto desde hace tanto tiempo?...Ven siéntate aquí un momento (le señala un lugar a su lado en un sofá), como hacíamos antes en los viejos tiempos. No creas que he olvidado todo lo que te debo (él queda en sombras y ella iluminada para simbolizar la coherencia de ella y la mediocridad de él). Véase abajo una imagen del momento). Tú me hiciste conocer el extraño milagro del amor. Hiciste de mí una mujer madura. Todo mi corazón y mi ser te pertenecieron durante un largo período de tiempo. Éramos una unidad indisoluble, y nunca nos avergonzamos de nada. El amor purificó todo lo malo y lo feo que había en mí y me hizo descubrir todo lo bueno y bello. Había encontrado en ti al hombre con el que quería pasar mi vida. Me preguntaba si realmente merecía sentir tanta felicidad estando a tu lado.
 
 
GABRIEL: Gertrud, ¿por qué me abandonaste?
GERTRUD: Oh, Gabriel, ¿cómo puedes decirme eso? ¿Es que no recuerdas que fuiste tú quien me fue rechazando una vez tras otra? Una tras otra. Rechazada lentamente.
GABRIEL: Nunca he amado a otra mujer.
GERTRUD: Y yo te creo. Me amabas con todas tus fuerzas. Pero ¿qué era yo para ti? Estabas cansado de mi amor. Cuando por fin me di cuenta, me marché.
GABRIEL: Oh, Gertrud. Puede que tengas razón. El trabajo me alejaba de ti. Pero yo no quería romper nuestra relación.
GERTRUD: No, tú no podías romper. Pero afortunadamente lo hice yo. Fue tu trabajo lo que nos separó. Y el honor, la fama, el dinero, y toda esa clase de cosas. El amor te parecía un pesado lastre. Tú sólo querías placer, placer carnal, y no amor.
GABRIEL: Desgraciadamente así era.
GERTRUD: Yo ya notaba algo. Pero te diré cómo llegué a saberlo con seguridad. Fue en una época en la que llevabas mucho tiempo sin haber publicado nada. Eran tiempos difíciles. También para mí. Un día fui a verte. Como solía hacer, puse un poco de orden en tu casa (se produce ahora un flash back. Ella viste un primaveral vestido con estampado floral a juego con su alegría y juventud. Va canturreando feliz mientras ordena un poco la casa de Gabriel. Gertrud explica lo que pasó mientras vemos las imágenes). Quería dejarte una nota. Yo sabía que siempre tenías algo de papel para escribir tus notas. Vi que habías dibujado mi perfil y habías escrito unas palabras (las palabras eran las siguientes: “el amor de la mujer y el trabajo del hombre son enemigos desde el principio”. Al leerlas sufre tal disgusto que reacciona con rabia, rompiendo una foto). Así fue como tuve la certeza,
GABRIEL: Aquél miserable papel fue lo que destrozó mi vida, ¿verdad?
GERTRUD: ¿Destrozar? Alcanzaste el objetivo que te habías propuesto.
GABRIEL: En realidad no he conseguido nada.
GERTRUD: No. Hay que elegir. Y uno siempre acaba dándose cuenta de que ha perdido lo único que contaba la verdad.
GABRIEL: Siempre es así.
GERTRUD: Cuando descubrí la verdad, mi corazón envejeció de repente. Me sentía avergonzada y asqueada de ser mujer. Supe lo que significa el amor para un hombre que se hace famoso. Desprecia el amor. Desprecia el amor de una mujer. A ti te ocurrió lo mismo que a todos. Por eso me alejé de ti. Ahora ya no te quiero (suena una campanada dramática y terrible).
GABRIEL: Gertrud, mi vida se reduce a los tres años que nos amamos. Pero luego me abandonaste ¿Cómo pudiste hacerme eso?
GERTRUD: Desde el primer momento supe que te haría daño. Pero al leer tus cartas, comprendí que ya había sufrido demasiado en esta vida. Entonces te hiciste famoso, pero conmigo eras frío como el mármol. Yo necesito un amor apasionado. La fama no me sirve de nada.
GABRIEL: La fama no significa nada, Gertrud. La noche es profunda. El espacio es inmenso, infinito. Pero la tierra es pequeña y la gente minúscula. Lo único que recuerdo es el amor que sentía por ti. Tú me enseñaste que el amor lo es todo. No debemos estar solos. Yo he pasado demasiado tiempo solo. No hace falta que seamos muchos, con dos es suficiente. Gertrud, estamos hechos el uno para el otro.
GERTRUD: Sí, hacen falta dos. Bien. Te has dado cuenta por fin, aunque sea demasiado tarde.
GABRIEL: Todavía no es demasiado tarde. Aún puedes venir conmigo. Viviremos cerca del mar. Allí…, allí nadie podrá separarnos, sólo…, sólo la muerte.
GERTRUD: No es posible la felicidad en el amor. El amor es sufrimiento. El amor es infortunio. Gabriel, mi corazón hace tiempo que está muerto. No puedo hacer nada por ti, así que no me pidas nada.
GABRIEL: Era tarde, y todo ha sido en vano… (se sienta en un sillón al lado de la chimenea). Ése es mi destino: vano.
 
(Ella se acerca y le dedica un gesto afectuoso, porque se le ve totalmente abatido. Luego apaga las velas que hay a los lados del espejo, las que antes había encendido Gabriel, un gesto significativo y simbólico igualmente. Apaga lo que él desea encender de nuevo: el amor entre ellos. A través del espejo también vemos la imagen de Gertrud alejándose de espaldas, es decir dándole la espalda a lo que el espejo representa, que implica decir definitivamente adiós a Gabriel. Una escena redonda. Aparece ahora Gustav Kanim pidiendo disculpas a Gabriel por la espera)
 
GUSTAV: Siento haberte hecho esperar tanto tiempo. Ah, Gertrud, ¿cómo te encuentras?
GERTRUD: Bien. Me encuentro mucho mejor.
GUSTAV: Era el presidente del consejo.
GABRIEL: Bien, creo que tengo que irme.
GUSTAV: Oh, vamos a tomar una copa de champán.
 
(Gustav toca la campanilla y llama al servicio. Mientras tanto, Gertrud ha salido de escena. Está en la cocina. Se lava las manos, las seca y luego hace una llamada del teléfono. Habla con su amigo Axel para irse a Paris y matricularse en un curso de psicología. Vuelve a la sala)
 
GUSTAV: ¡Salud! Vaya, Gertrud, llegas en buen momento.
GERTRUD: ¿Champán?
GUSTAV: Sí, por fin he aceptado ser el nuevo ministro.
GABRIEL: Enhorabuena.
GUSTAV: Gracias.
GERTRUD: Lo mismo digo.
GUSTAV: Gracias, Gertrud (la besa suavemente en la mejilla. Beben)… No tienes muy buen aspecto, ¿seguro que te encuentras bien?
GERTRUD: Sí, bueno, sólo estoy cansada. Creo que voy a acostarme.
GUSTAV: No has probado bocado.
GERTRUD: No tengo hambre.
GUSTAV: Como quieras. Bien, acabas de convertirte en la esposa del ministro.
GERTRUD: Sí. Supongo que en otras circunstancias debería estar feliz por ello. Pero esto no durará mucho... Sí, Gabriel ya sabe que vamos a separarnos.
GUSTAV: Entonces se lo has dicho.
GABRIEL: Sí. Cada uno de nosotros seguirá un camino diferente. Y ahora permitidme que me despida. Adiós. Adiós Kanim.
GUSTAV: Adiós, Lidman ¿Volveremos a vernos algún día?
GABRIEL: Si vuelvo. O tal vez no. Adiós, Gertrud.
GERTRUD: Adiós, Gabriel
(Sale Gabriel, todo derrotadito el pobre)
 
Gertrud alejándose de su marido
 
GERTRUD: Buenas noches, Gustav. Voy a acostarme. Estoy cansada
(Él la retiene por los hombros)
GUSTAV: Gertrud, lo he pensado y creo haber encontrado una solución. Pero primero contéstame, ¿estás segura?, ¿estás decidida a hacerlo?
GERTRUD: Sabes que sí.
GUSTAV: Sí, ya lo sé. Pero Gertrud, no me abandones. Quédate aquí, cerca de mí. Sigue viéndote con tu nuevo amor, si es que tanto te importa. Pero quédate conmigo. Podemos vivir juntos como amigos. Es el único favor que te pido.
GERTRUD: Me pides que me quede porque esperas que el vínculo que se ha roto vuelva a nacer, vuelva a resurgir de las cenizas, ¿no es así, Gustav?
GUSTAV: Sí.
GERTRUD: Me voy.
GUSTAV: ¿Con tu nuevo amor?
GERTRUD: No, sola. Mi nuevo amor no quiere venir conmigo.
GUSTAV: Por el amor de dios, ¿estás enamorada de un hombre que no quiere saber nada de ti? ¿Has perdido la razón?
GERTRUD: He decidido irme. Pero no huyo de él. Ahora necesito estar sola, por eso me voy. Buenas noches, Gustav. Me siento muy cansada, muy cansada.
GUSTAV: Dime, dime si me has amado alguna vez.
GERTRUD: Y tú, dime, ¿por qué me atormentas así? Cuando nos conocimos, mi capacidad de amar ya estaba muerta, pero mis sentidos seguían vivos. El deseo existía. Entre nosotros hubo un sentimiento parecido al amor.
GUSTAV: ¡Algo parecido al amor! Vete, vete, no quiero volver a verte. No quiero volver a oír hablar de ti.
 
 
 
(Gertrud sale del plano y Gustav queda solo. Desesperado y lleno de rabia, rompe una foto de ella y la echa al fuego de la chimenea, en una escena paralela a la que asistimos cuando Gertrud descubre que Gabriel no la ama como ella desea ser amada. También ella rompe una foto de Gabriel. Ahora vemos a Gertrud salir de casa, vestida de viaje con una capa larga con capucha y cargada con un bulto. Parece una fugitiva, como si de una escapada secreta se tratara. Va hacia París, a encontrarse con su amigo Axel, para entrar en esa vida que tan apasionante le ha aparecido cuando él se la narró: personas que trabajan en la universidad estudiando la mente y el sugestivo mundo de los sueños, que hablan y discuten sobre múltiples temas, que experimentan con personas de capacidades sorprendentes, que disponen de medicamentos casi milagrosos de misteriosa composición, que creen en la libertad de expresión, que se rodean de actores y otros artistas... Suenan ahora las campanas de lo irremediable y del paso del tiempo. Gustav, imaginándose la huída de Gertrud sale a buscarla y grita su nombre: ¡Gertrud, Gertrud…!
 
El cartel nos adelanta el acto siguiente y último:
 
PASARON PRIMAVERAS Y VERANOS. HAS VUELTO A TU CIUDAD NATAL Y VIVES SOLA, LEJOS DE LA CIUDAD DE LOS RECUERDOS, SÓLO NECESITAS SABER UNA COSA PARA MADURAR EN PAZ. EN EL MUNDO SÓLO EXISTEN DOS COSAS: EL AMOR Y LA MUERTE
 
 

COMENTARIO

 
Este acto al que hemos asistido es el acto del DESENCUENTRO y, consiguientemente, de la despedida. El desencuentro de los personajes queda perfectamente reflejado en la forma en que hablan para sí, como ensimismados, sin mirarse casi, a veces dándose la espalda. Sobre todo Gertrud, decidida a marcharse y dejar todo atrás. Gabriel y Gustav la buscan y requieren, pero cuando ellos vienen, ella se va. Da la impresión de que los hombres, en general, sólo son capaces de descubrir el amor, a su modo imperfecto, según plantea la película, cuando lo pierden, cuando ya es irremediable. Para Gertrud el argumento va aún más allá. Creo que ha llegado a la conclusión de que los hombres, al menos los que alcanzan la fama, no sólo son incapaces de amar, sino que desprecian el amor de la mujer y generaliza metiendo a todos en el mismo saco: “a ti te pasó lo mismo que a todos”- reprocha a Gabriel-. Ella, que suponemos adquiriría bastante experiencia en el trato con los hombres cuando se lanzó a la vía de los placeres físicos, ya no confía en ninguno de ellos, ni tampoco en la recuperación de lo perdido con sus relaciones más representativas. En ese sentido su corazón ha muerto y se siente sola y perdida. Consciente ahora de la “irremediable soledad del alma” de la que hablaba Gabriel, creo que huye para encontrarse a sí misma. La diferencia con Gabriel está en que para ella la soledad de ahora y el refugio anterior en los placeres físicos no son profesiones de fe, sino consecuencias de la incapacidad de amar de los hombres. La profesión de fe de Gertrud, aunque irrealizable, sigue siendo la del amor, donde ella encontró lo mejor de sí misma, lo más sublime y excelso de su alma, la bondad y la belleza.

El diálogo de Gertrud con Gabriel está lleno de frases lapidarias, de afirmaciones que se pronuncian con acento de rotundas verdades inamovibles, que a veces encuentran eco en el asentimiento del otro: “Las cosas nunca ocurren como uno las imagina”, “Hay que elegir. Y uno acaba dándose cuenta que lo perdido era lo único que contaba la verdad”, “el amor es infortunio”, “la tierra es pequeña y la gente minúscula”, por poner sólo unos ejemplos.
El personaje de Gabriel ha sufrido un proceso de cambio. Pero, a mi entender, no ha sido un proceso profundo y rotundo. Él era un intelectual un poco cínico y frío, y aún lo aparenta algo más con el paso del tiempo. En todos sus diálogos habla de la pequeñez del mundo y de las personas, de que el mundo no significa nada, que sólo es un tránsito. Algo alejado completamente del espíritu soñador de Gertrud y de su forma de entender la vida y las pequeñas cosas, según creo. Unos años atrás, cuando Gustav estaba con Gertrud, según ella le manifiesta, creía en muchas cosas y buscaba los parabienes de ese mundo que ahora desprecia; buscaba el honor y la fama a través de su trabajo intelectual, incompatible para él con el amor de una mujer, por lo cual iba rechazando poco a poco a Gertrud.
Gabriel no dejó a Gertrud no sabemos si porque aún no había llegado el momento en que el amor de ella verdaderamente le agobiara, o porque la quería a su modo también mediano y “defectuoso” y quiso mantenerla consigo dado el placer que le proporcionaba, a pesar de que a veces le pareciera un pesado lastre con el que tenía que cargar. El caso es que, en los momentos en que ella le dejó, él aún no tenía pensado abandonarla, si bien no sabemos que hubiera ocurrido pasado un tiempo. Pero tampoco Gabriel va detrás de ella como el amante apasionado y desesperado que pide explicaciones por el abandono, sino que se exila y sólo le escribe frías cartas desde el extranjero. Él entonces se dedica por entero a su obra literaria y una vez conseguido su propósito de celebridad, empieza a sentir que la meta escogida resulta insatisfactoria e inane. Lo curioso es que triunfa como el gran poeta del amor, sin haber sabido retener en absoluto a la única mujer que dice haber amado. Él, que en su discurso sobre el pensamiento, proclama que hay que vivir de acuerdo con lo que se cree, no ha sabido vivir conforme al divino amor que glorifican sus poemas. Por esa incoherencia la cámara lo mantiene a oscuras cuando habla con Gertrud en el sofá, mientras que ella, fiel siempre a sí misma, está iluminada recordando lo que pasó.

Una vez que la fama literaria conseguida empieza a no representar nada para Gabriel, gana el recuerdo nostálgico de la relación que mantuvo con Gertrud, la entrega de una mujer enamorada, como algo hermoso que quizá fue lo único que le deparó felicidad. Sin embargo, intuyo, no sé si equivocadamente, que su profesión de fe sigue siendo la misma, a pesar de que ahora reniegue de ella y venga a buscar a Gertrud, aprovechando que vuelve a su país para recibir un homenaje por su quincuagésimo aniversario. ¿Por qué no se le ha ocurrido regresar antes? Sigue sin ser el amante ardiente y entregado que lo deja todo para venir en busca de la mujer que ama. Es un regreso medido y con excusa ajena al amor.

Pienso que Gabriel lo que quiere es simplemente recuperar lo que perdió, precisamente porque lo perdió cuando aún era bello y no había llegado a despreciarlo, como ahora desprecia la vanagloria que el mundo le ofrece. Ha empezado a valorar lo que vivió con Gertrud ya que lo que más deseaba, la fama, no ha sido tan satisfactoria como imaginaba y ha dejado de interesarle. No obstante, no estoy segura de que Gabriel quiera recuperar el amor de Gertrud porque ahora crea verdaderamente, en lo más profundo de sí, en el sentimiento amoroso de la pareja como el “todo” absoluto y completo que es para Gertrud, sino entiendo más bien que lo ve como un refugio a la soledad que empieza a pesarle con los años, esa soledad que antes proclamaba en su profesión de fe y que ahora rehúsa, igual que ha dejado de creer en todos los principios de su juventud. Pretende una vuelta atrás en el tiempo irrecuperable y pide explicaciones demasiado tarde.

En cuanto a Gertrud, ya sabemos cómo siente. No es capaz de mantener el amor, si no es correspondido en la misma medida. Lo que sentía por Gabriel, un amor para compartir de por vida, ha muerto. Pero no es sólo eso. Saber que él no la correspondía en el mismo sentido cuando estaban juntos, mató el corazón de Gertrud para siempre y para otros, incapacitándolo para ese hermoso y sublime sentimiento que ella experimentaba, ¡tan frágil y delicado era! Nunca pudo más volver a sentirlo, aunque quiso soñar que lo sentía con Erlan. Ahora que Gabriel vuelve a ella, es a ella a quien no le es posible corresponderle, porque él la mató en lo que ella era y representaba: un corazón para el amor. No es este amor desde luego el que proclama un poema que escuché el otro día en la película “Sentido y sensibilidad” y que venía a decir que el amor no es algo variable y sujeto a capricho, sino una roca inamovible que se mantiene inalterable y erguida ante la tormenta. El de Gertrud se parte fácilmente con la indiferencia del otro. Si bien, hay que reconocer que es difícil que algo que represente los valores e ideales más extraordinarios, perfectos y preciosos, pueda permanecer inmutable ante el choque de la realidad. Los objetos bellos suelen ser frágiles.

En relación con Gustav, la cosa es muy distinta. Ella le conoció cuando se refugió en los placeres físicos, una vez que su corazón estaba muerto. Reconoce que nunca le amó, porque ya no podía hacerlo. Sin embargo, Gustav se creyó amado y amó en la medida en que a él le era posible. En ese sentido, el pobre marido ha sufrido un desengaño, igual que ella lo sufrió con Gabriel. Se ha sentido traicionado y engañado y es lógico que su reacción al final sea de enojo y disgusto. Pero también hay que decir que él se ha ganado a pulso la deserción de ella, al no atenderla lo suficiente.
 
Para poder retenerla ya que ninguna otra cosa, ni el reproche ni la exigencia, le ha dado resultado, Gustav muestra gran generosidad al ofrecerle seguir viviendo juntos como amigos y hacer la vista gorda a su relación con Erlan, el amante. Se muestra como un civilizado marido, cornudo y complaciente que quiere ganar un poco de tiempo para recuperar a su mujer. Sin embargo, ya es demasiado tarde. Ella se da cuenta de la maniobra y no quiere que él tenga esperanzas de volver a recuperar la relación que tenían, porque no le ama y no le interesa ya de ninguna manera. De todas formas, no sabemos qué hubiera ocurrido si Gustav, en vez de decirle que espera volver a la misma relación que tenían antes, le hubiera ofrecido otra cosa, por ejemplo dejar el cargo de ministro e irse juntos de viaje y dedicarse el uno al otro. Lo mismo así ella se hubiera quedado con él. Aunque es posible que no, ya que ahora ella es consciente de que no le ama. Ahora bien, es impensable en Gustav ofrecer algo semejante porque sus ambiciones políticas son importantes para él, un trabajo al que dedica la mayor parte de su tiempo. Gustav quiere a su mujer en la misma situación que tenía antes, ni más ni menos, situación insatisfactoria para Gertrud. Y no es el amor la prioridad de Gustav, como ya vimos.

 



ACTO SEXTO Y ÚLTIMO / GERTRUD Y AXEL NIGREM



(El escenario es nuevo. Una casa apartada donde Gertrud vive sola, sólo acompañada por un ayudante o criado ya entrado en años, que parece un lugareño de algún pueblo cercano. La casa está amueblada con sencillez, con pocos muebles de estilo más bien rústico: un platero, un armario tapado con una tela de cuadros, un gran reloj de pared de formas redondeadas, un banco de madera liso, una chimenea con dos pequeños relieves clásicos en barro o madera sobre ella, una cálida alfombra en el suelo, etc. También hay algún instrumento musical apoyado en la pared. Ella, ya mayor y con el pelo blanco, va vestida con un atuendo semi-masculino: una chaqueta oscura y corta, con el corte de un chaqué, una blusa-chaleco blanca cerrada, de cuello alto, del que sale un volante lateral y terminada abajo en dos picos, una falda oscura y unos sencillos zapatos de tacón con trabilla. El ayudante le informa de que ha venido a visitarla su amigo Axel Nigrem. Se saludan con un afectuoso apretón de manos. Toman asiento a los lados de una mesa escritorio)

GERTRUD: Veo que no te has olvidado de mi cumpleaños
AXEL: Sí. He venido a regalarte el último libro que he escrito. Lo publicarán dentro de poco.
GERTRUD: Es un libro muy bonito…”Rasine”.
AXEL: Es un recuerdo de nuestra estancia en Paris.
GERTRUD: Gracias, Axel. Siéntate. Sí, aquí es donde vivo como una ermitaña, olvidada, discretamente. Es lo que necesitaba, lo que necesito, soledad, soledad y libertad.
(Entra su ayudante)
AYUDANTE: El periódico
GERTRUD: Limpia la cocina, por favor.
AYUDANTE: La cocina. Entendido, lo haré en seguida (las feministas estarán encantadas).
GERTRUD: Me ayuda en las tareas de la casa –explica-.
AXEL: ¿Cómo pasas el tiempo?
GERTRUD: No paro un momento. A veces hago el pan, otras veces zurzo las medias.
AXEL: ¿Tienes un aparato de radio?
GERTRUD: Sí, hay que estar al corriente de lo que pasa por el mundo.
AXEL: Hace poco te escribí una carta.
GERTRUD: Sí, aquí está. Mírala, aquí la tengo.
AXEL: Podías haberme contestado.
GERTRUD: No, Axel. Nunca escribas una carta a máquina si va dirigida a un viejo amigo
AXEL: Perdóname. Pero ¿sigues siendo mi amiga a pesar de la carta?
GERTRUD: Desde luego que sí. Sigo considerándote un gran amigo. Sabes que te aprecio mucho, Axel... Ven (se sientan en un banco de madera) ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que íbamos juntos a clase?
AXEL: Debe de hacer treinta o cuarenta años, aproximadamente.
GERTRUD: Nuestra amistad ha perdurado todo este tiempo.
AXEL: Una amistad que nunca llegó a ser amor.
GERTRUD: Para mí siempre has sido un gran amigo.
AXEL: Te conservas muy bien. Tienes una piel tan blanca y tan lisa. Eres hermosa
GERTRUD: Un día me saldrán arrugas y la piel se me pondrá amarilla…. ¿Sabes en qué estoy pensando?
AXEL: No
GERTRUD: ¿Quieres que te devuelva tus cartas?
AXEL: ¿Para qué?
GERTRUD: No quiero que un extraño las encuentre y lea esas palabras nacidas de tu corazón. No, no me gustaría… Ten.
AXEL: No sabría que hacer con ellas ¿Puedo quemarlas?
GERTRUD: Estas cartas son tuyas, puedes hacer lo que quieras.
(Axel las tira al fuego de la chimenea)
AXEL: ¿Nunca has pensado en escribir poemas?
GERTRUD: Escribí uno. Aquí está. ¿Quieres que te lo lea? Tiene tres estrofas.
AXEL: Te escucho
GERTRUD:
-Sí, mírame.
¿Crees que soy bella?
No
Pero he amado.
-Sí, mírame.
¿Crees que soy joven?
No
Pero he amado.
-Sí, mírame,
¿Crees que estoy viva?
No
Pero he amado.
Ya ves, a los 16 años Gertrud escribió su evangelio del amor
AXEL: Recuerda tus propias palabras. En la vida sólo hay una cosa importante: el amor. Nada más, no hay nada más ¿Sigues pensando lo mismo que antes?, ¿te arrepientes de algo?
GERTRUD: No, no me arrepiento de nada, y mantengo lo que dije. En la vida sólo hay dos únicas cosas: la juventud y el amor; una dulzura infinita y una felicidad apacible, Axel. Un día cuando tenga un pie en la tumba, me asomaré a mi pasado y me diré a mi misma: he sufrido mucho y he cometido muchos errores, pero he amado.
AXEL: ¿Sueles pensar a menudo en la muerte, Gertrud?
GERTRUD: Sí, sí, pienso a menudo en la muerte. Ya he comprado mi sepultura. Y ayer encargué la lápida. Sé que me enterrarán al pie de una morera y ya sé cuál va a ser mi inscripción
AXEL: Supongo que pondrán tu nombre.
GERTRUD: No, tan sólo grabarán dos palabras: Amor Omnia
AXEL: El amor lo es todo
GERTRUD: Sí, el amor lo es todo…. Le he dicho al jardinero que no deje crecer más que la hierba. En primavera habrá anémonas. Si pasas por allí alguna vez, coge una anémona y piensa en mí. …Piensa que es una palabra de amor que ha sido pensada pero no pronunciada. Y ahora será mejor que te marches. Todavía seríamos capaces de fugarnos a París, ¿no te parece? Un día esta visita tan sólo será un recuerdo entre tantos, un recuerdo más. De vez en cuando revivo esos recuerdos y tengo la impresión de estar observando un fuego que se apaga. Adiós, Axel. Gracias por venir y gracias por tu libro.
AXEL: Hasta la vista, Gertrud.
 
(Aparece una sencilla y extraña habitación alejada de toda pretensión y boato. Unos pocos muebles oscuros, de líneas puras, una escalera también de madera oscura que no sabemos hacia dónde conduce, una cesta de esparto colgando del techo, quizá como lámpara, y un instrumento de música al fondo apoyado en la pared. A mí me da la impresión de ser como la antesala de la muerte. Axel atraviesa la habitación y dice adiós con la mano a Gertrud desde el otro lado. Se cierra la puerta detrás de Gertrud. Suenan las campanas anunciando la llegada de la muerte y el fin de la película.)
 
Axel se despide de Gertrud. Obsérvese decorado    
Gertrud se despide de Axel y de nosotros
 
 

COMENTARIO

 
Han pasado treinta o cuarenta años y vemos a Gertrud, como ya era de esperar, viviendo sola dentro de una sencillez acomodada al estilo rústico, pero sin ostentaciones, más bien de forma austera. Ha vuelto de París a su ciudad natal y, como ella dice, vive como una ermitaña, apartada de todos. Sólo un aparato de radio la mantiene al día de lo que ocurre en el mundo. Yo creo que es una buena candidata para musa Friky, si la historia hubiera ocurrido en estos tiempos. Me la veo delante del ordenador dale que te dale a la tecla, aunque para los amigos hubiera seguido escribiendo cartas manuscritas, jejé.
 
Parece que Gertrud se ha encontrado a sí misma en esa vida solitaria, libre, alejada de las banalidades de la existencia y llena de pequeñas, sencillas y humildes actividades cotidianas como hacer pan y zurcir medias. Incluso es posible pensar que, en el fondo, ella puso tan altas sus expectativas amorosas y no aceptó medianías reales, precisamente porque prefería su libertad. Era la chica del todo o nada, expresado quizá en el blanco y negro de la fotografía, y ganó la nada, claro. La acompañan ahora únicamente su criado y sus recuerdos que, como ella comenta, se van apagando poco a poco, a medida que se acerca la muerte, de cuya cercanía es ya consciente, por lo que ha realizado todos los preparativos para sus exequias, también sencillas.
 
Sigue fiel a su principio de siempre. No se ha convertido con el paso del tiempo en una mujer amargada, cínica o escéptica por no haber conseguido lo que buscaba. Para ella el amor continúa siendo el motor de todo, y el hecho de haber amado le da sentido a toda su vida. Como expresa en su pequeño poema, no importa haber perdido la belleza física, ni la vejez, ni la muerte. Si se ha amado, todo adquiere sentido. Por eso la inscripción en su lápida será su canto y evangelio de vida: “Amor omnia”.
 
Eros y Tánatos se presentan como las pulsiones fundamentales en la vida. El conocimiento del amor en la juventud hace madurar. Luego, en la vejez, hay otro proceso de maduración que consiste en la aceptación de la muerte. Ambos los ha desarrollado nuestra protagonista.
 
Gertrud identifica el amor, Eros, con la etapa de la juventud, el lugar de la ternura y de la felicidad, supongo que antes de que la realidad más cruda y cruel venga con sus garras a rasgar todo eso. La vejez es la etapa del recuerdo y de la pulsión de la muerte.
 
Gertrud y Axel han sido amigos casi toda la vida. Las escenas entre ellos son las más cordiales, distendidas y amables de la película. Hay más miradas en común y más cercanía. Han mantenido una relación de complicidad, intimidad y comunión intelectual, según colijo. Axel, al menos, parece que le ha remitido cariñosas cartas donde ha destapado su corazón y su afecto. Además, ha escrito un libro de su vida en común, cuando ambos estudiaban psicología en París, que imagino interesante. Es curioso esto. Siendo una película que salva a la protagonista en su fidelidad a la exaltación del amor, es, por otra parte, como si una de sus conclusiones fuera que la única forma de profundo entendimiento entre un hombre y una mujer consistiera en la amistad, más que en el amor. Como si el amor fuera una trampa en la que una vez que se cae y se pronuncia su nombre, deviene tarde o temprano una falla de ruptura y desencuentro entre los sexos. La única relación que ha mantenido su continuidad ha sido la de su amistad con Axel; sus amores han quedado muy atrás. Sin embargo, parece que también hay amor entre ellos, ya que Axel muestra que ella le gusta alabando su belleza y la lozanía en la que se conserva y Gertrud le confiesa amor al final cuando dice: “Piensa que es una palabra de amor que ha sido pensada pero no pronunciada”. Aunque luego bromea al respecto: “Anda, vete ya o todavía seríamos capaces de fugarnos juntos a París”. Axel se queda en un suspenso sorprendido, pero no dice nada. Imagino que Gertrud ha preferido mantener y salvar la amistad con Axel que arriesgarse a otro fracaso amoroso y nunca le confesó nada. Sólo queda el adiós y la llegada pacífica de la muerte.
 
Como corolario final añadir que pienso que Gertrud es una buena película, susceptible de otras interpretaciones distintas de la mía. Si me hubiera enfrentado a ella antes o también después, es posible que hubiera dicho otras cosas o de otra forma.
 
El argumento es muy sencillo y fácilmente comprensible. Sin embargo, su puesta en escena junto a los diálogos hacen de ella una película compleja, donde los personajes no se han planteado en una estructura maniquea, sino que son ricos psicológicamente. La recomiendo.


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