Reseñas y críticas de cine

"La ciudad de las mujeres". Fellini

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Elegir esta película ha sido, en principio, porque me la regaló un amigo y aún no la había visto. Cuando vi la relación de películas susceptibles de ser comentadas, pensé que quería hacer el trabajo sobre ésta. No es fácil imaginar cómo llenar diez folios con un comentario y crítica sobre algo que no se había visto aún. Su primer visionado me causó sorpresa, pocas películas de Fellini conocía. Imagino que como el mismo autor dice no hay que darle mucho sentido porque quizás no lo tenga. Intentaré reflejar todo lo que he visto en ella, aunque no sé hasta qué punto podría considerarla experimental, imagino que quizás se encuadre dentro de un nuevo cine.

Algo que sí está claro, al margen de su categorización, es que se trata de una obra muy personal de Fellini, refleja claramente su universo propio relacionado con lo exterior, al menos esa es la sensación que se tiene cuando se ve, el tratamiento del color incluso, que puede paracer convencional, tiene algo de brumuso, relacionado quizás con el hecho de que casi toda la película, exceptuando los minutos iniciales y finales, se desarrollan a través de una pesadilla que padece el protagonista interpretado por el actor Marcello Mastroianni. Ese universo personal lo percibo yo en otros aspectos, aparte del color, que quizás su cariz sea por el paso del tiempo o por el estado de conservación de la película, también lo noto en el tratamiento de sus personajes, que son todos ellos nada estereotipados, son muy diferenciados, sobre todo lo que a las mujeres concierne, tipologías muy variadas y exageradas. Tenemos un ejemplo de eso en los distintos caractereres que vemos, por ejemplo, en el hotel donde se desarrolla el congreso de feministas. Son personajes alejados de los típicos melodramas y películas más convencionales, donde la ninfónama lo es en extremo rozando la sátira, como ocurre en la escena de los invernaderos, cuando el protagonista sólo desea ir a la estación y escapar de esa pesadilla en la que sin querer se ha visto envuelto.

 

El inicio y el final de la película, esos momentos únicamente reales de la historia, contemplan una metáfora de lo que realmente es la esencia de la película, el machismo del protagonista, o quizás su actitud como hombre que sólo desea relaciones sexuales con el sexo opuesto. Esto se ve en las escenas de un tren entrando en un túnel, como reflejo de la penetración, pero en la escena final, hay algo curioso, y es que se invierte la escena, el tren, igualmente entra en el túnel pero luego, se ve desde el mismo túnel hacia afuera, como desmitificando ese hecho, o como poniendo en valor que no es únicamente lo más imprescindible en una relación entre ambos sexos. Así lo veo yo.

 

Si por cine experimental o nuevos cines entendemos una forma de reflejar las historias lejos de los códigos tradicionales de comunicación lineal, esta película parece nadar entre ambas aguas, por una parte si que se trata de una cine narrativo, pues a pesar de estar contando una pesadilla, si que mantiene un hilo argumental definido, incluso cronológico, el de los flasbaks intencionados, aunque no muy reales, de lo que ha sido la vida del protagonista en relación con 'sus' mujeres.

 

Los recursos utilizados son muchos, como por ejemplo, el hecho de que el Hotel del Congreso de Feministas está ubicado en medio del bosque, como anticipo de lo que será la salvaje aventura que va a vivir el protagonista a lo largo de la película, encuadrado en un espacio agreste como agrestes serán sus situaciones posteriores. Y esto se pone en relación con su entrada al mismo, cuando lo hace, el caos que reina en su interior es tal que al protagonista le cuesta saber dónde y qué hace ahí. Todo esto viene resuelto con imagénes de escenas o situaciones que la cámara va captando de ámbito en ámbito, por espacios separados, donde, en cada uno de ellos, se representan situaciones extremas de las feministas tratando de arremeter contra todo lo masculino. Hay también una imagen general del cuadro de La danza de Matisse, en uno de esos espacios, quizás como símbolo universal de la unión y la armonía que es más aconsejable que la guerra de géneros constante a la que está sometida la sociedad. Tal vez con ello Fellini quería dar a entender que ni las mujeres son tan fieras como atacantes o víctimas, ni los hombres tan lelos de dejarse llevar únicamente por su deseo. Ese cuadro representa la idea del círculo, quizás como la unión de los géneros, como extremos que se tocan o quizás como representanción visual del círculo como símbolo de lo femenino. Todo es femenino en ese Congreso, el único contrapunto es la figura de Mastroiani que realmente se encuentra desubicado y perdido.

 

Hay representaciones teatrales y documentales en los instantes iniciales de ese Congreso, cuando entra el protagonista en él, en todos ellos se da una idea del hombre como macho predominante en las relaciones, basando todo su contacto con la mujer únicamente en el deseo y en lo sexual, de hecho, se habla de cómo éste denominada a la vagina de la mujer de varias formas, todas ellas denigrantes y algo vejatorias, o cómo en el escena teatral la mujer ha de estar dispueta únicamente a los imperativos del hombre. Todo esto desconcierta al protagonista y está tratado técnicamente con ese luz y color brumoso que señalaba al principio. Nada parece indicar lo que al protagonista le va a ocurrir, únicamente se ve envuelto en algo que no comprende, pero de lo que escapa de vez en cuando soltando sonrisas pícaras y deseos intuidos ante tanta mujer frente a sus ojos.

 

Se suceden diferentes tipologías de mujeres, a cada momento, de hecho, después de intentar salir de ese hotel, Snaporaz, cuyo único deseo es llegar a la estación, se encuentra con una mujer ya mayor que representa todo lo contrario que las otras, el deseo de ésta por él está tratado de forma satírica, incluso grotesca, para pasar a unas escenas donde ahora serán una jóvenes/niñas las que le conducen a esa deseada estación. Las situaciones son rídiculas, el protagonista no deja de mostrar su rechazo y desaprobación por todo lo que ocurre, no se siente capaz de verse reflejado en su deseo ante esa gama de mujeres que despliegan todo una abanico de tipos y maneras que hacen sentir molesto al protagonista. Lo ridículo se mezcla con la extrañeza, los caractéres de las mujeres causan cierta aversión, pero de lo que se trata es de mostrar que todas y cada una de ellas representan a la idea de la mujer, no así como desearía Snaporaz, pero son mujeres al fin y al cabo. Él no se siente al otro lado del deseo con ellas, la trama se adelanta y esto hace que la extrañeza sea aún mayor. Una generalización, un estereotipo de mujer, todo ello confunde a Mastroiani pero asún así, sigue sus intentos de flirteo.

 

Una vez salido de su persecución de las niñas/jóvenes drogadas, se topa con otro estereotipo masculino, quizás un alter ego exagerado del propio Snaporaz. Éste va a dar a la casa de Katzone, una casa que es todo un monumento y homenaje a lo falocrático. Con ello, el universo masculino de Fellini, en esta película, tampoco sale mejor parado que el femenino. El personaje de Katzone representa un mundo masculino de conquista, poder del macho únicamente desde el punto de vista sexual, algo obsoleto, antiguo, desde un punto de vista patriarcal de las relaciones. El protagonista se siente atraído y hasta divertido con lo que allí descubre, una galeía interactiva de todos los tipos posibles de mujeres. Esto está tratado desde una estética kitsch, de neón y plástico, quizás para acentuar ese carácter grotesco de lo que el reducto de Katzone significa, inlcuso en sus propias vestimentas y maneras exageradas y convencidas. En el cine de Fellin hay algo de chaplianiano, y esto se nota en la comicidad que se trasluce de ciertas escenas, remarcando aún más, si cabe, todo el efecto irónico de las situaciones, irónico a la vez que desfasado, como crítica pero desde un punto de vista neutral. El tratamiento, escénico, espacial, incluso verbal de las escenas en casa de este energúmeno de la conquista convierten a la película en algo inusual en cuanto a película convencional, todo en ello es exagerado, incluso rozando la fantasía, fantasía de los personajes que se trasluce en una irrealidad, no tanto argumental, como lógica. Todo desemboca en la creciente incredulidad del protagonista que no sabe nunca a ciencia cierta lo que le está ocurriendo, lo va asumiendo con perplejidad y cierta resignación. Esto es tratado técnicamente con maestría por el director, sus personajes no parecen hilvanar una historia coherente desde un principio, por lo que se puede decir que tanto la historia en sí, como lo externo, lo técnico, la propia película en sí confluyen en un sinsentido en todos los ámbitos.

 

Lo que sí queda claro y reflejado es la vitalidad del autor en tratarlo todo, como por ejemplo en las escenas del tobogán que rememoran la infancia y juventud del protagonista, cómo van pasando las mujeres de la vida de éste de una forma con estructura de circo, de cabaret, temas que tanto interesaban al autor de la misma. Aparecen las mujeres matronas típicas de sus películas como la pescatera o la planchadora, las mujeres dominantes como las rubias con estética nazi, o las mujeres estéticas, como la mujer estilo art déco cuando los niños la espían y ven salir de la caseta de la playa. Todo esto acentúa aún más la tipología de mujeres fellinianas, capaz de retratarlas en su esencia con apenas unos pocos rasgos o gestos.

 

Sinceramente, la película, la primera vez que la vi para hacer este trabajo, no me dejó indeferente, sobre todo porque no entendí absolutamente nada. Intentaba darle un sentido lógico o intelectual, algo que luego se puede hilar de forma superficial, una vez vista por segunda vez. Tanto es así que no supe la intención del director, que no sé si tiene alguna, pero he de reseñar que no es una película a la que pueda considerar como de las imprescindibles. Y digo todo esto porque analizarla es igualmente difícil, tanto como entenderla. ¿Qué veo de experimental o nuevo en ella? Pues no lo sé. La guerra de géneros no es algo que me haya interesado mucho, aunque, sí, desde mi postura como mujer, pueda adoptar una actitud de rechazo a ciertas formas masculinas.

 

La idea de lo femenino en Fellini está ligado a su visión del cine y del mundo, las mujeres en sus películas parecen estar más allá de la Historia, como piezas de un conjunto que tiene su razón de ser en relación con las pulsiones interiores del autor para quien el tiempo quizás no haya existido nunca. En él, la mujer deseada está representada como sucede en los sueños infantiles, con formas que remiten al círculo, como las dos protagonistas de la película que bajan de la escalera a modo de scarlettes mientras que la idea de la delgadez, como la mujer de Snaporaz, es una imagen que remite al sentido de la culpa, de hecho el protagonista así se siente cuando su esposa le echa en cara todo lo que no están haciendo como pareja. En la primera idea, en la carnosidad redonda femenina se representa la imagen felliniana de lo femenino en su forma más completa, con explícitas referencias quizás al universo de los sueños, lo onírico jungiano; sin embargo, la mujer delgada personifica como sentido de la culpa y personificación del super-yo que induce a la impotencia, todo ello se ve claramente el la película sobre todo la concepción exclusivamente fantasmática que Fellini tenía del arte, por lo menos de su arte. Su alejamiento del neorralismo se ve claramente en la representación de sus personajes femeninos, lo cuales nacen en su cine ya privados de autonomía social para ser enteramente reconducidos al interior del universo del autor, quien los transfigura a través de su mirada conviertiéndolas en mujeres esquemáticas que exiten fuera de sí mismas, sólo en la mente y en los sueños de su creador, hecho que se puede extrapolar a la condición del protagonista en la película en la cual los personajes femeninos son esas proyecciones internas de Spanoparaz en su sempiterna búsqueda de la mujer ideal. Los personajes femeninos de Fellinis parecen tener la consistencia de máscaras siempre idénticas a sí mismas. La abundancia de las formas de mujer que atraviesan los films de Fellini remiten todas al reconfortante calor del seno materno; están las que se sueñan y las que se temen e incluso las que asumen la función de una pesadilla como es el caso de esta película.

 

En esta película el cineasta intenta sintetizar, unificándolo, su punto de vista sobre la feminidad aunque no sé si lo consigue totalmente ya que según el propio autor es imposible dar a los sueños, aunque se quiera, un orden o una estructura orgánica, racional o artística. La representanción de Snaporaz es el homo fellinianus por excelencia, el que vive de sueños adolescentes y harenes familiares. Es procesado por las feministas por ello y condenado a ir en busca de la mujer ideal, despertando al final sentado frente a su esposa, mientras el tren penetra en un oscuro túnel. Para el autor del film parece ser que el misterio femenino ha sido siempre el mismo, un sueño siempre preparado para transformar en pesadilla, la imagen de un mundo triturado y nunca recompuesto.

 

También es reseñable la idea de la muerte en el cine de Fellini. Es significativo que en La ciudad de las mujeres, Katzone conserve el recuerdo de sus conquistas sexuales en una especie de panteón que exhibe con vanidad: tumbas en las que reposan partes de sus eros, en una especie de culto a unas mujeres que pueden estar muertas tantos como vivas, son espectros del pasado; por otra parte, el nombre de Katzone es un juego fonético con uno de los nombres con que se conoce popularmente al pene en italiano (cazzo). Todo, reuniones de feministas, recuerdos adolescentes, sueños y pesadillas, aparece compartimentado, falto de vida, como embalsamado es este algo fallido film de Fellini en cuanto a su éxito.


Más arriba nombraba el hecho de lo chapliniano en el cine de Fellini, para él Chaplin es un referente cinematográfico en cuanto a un momento del cine, la época del silente. Para Fellini, lo chaplianiano es sinónimo de muchas cosas, no es tanto un referente visual y temático como también espiritual y sensitivo: una referencia fantasmagórica que encaja singular y coherentemente dentro de su concepción fantasiosa, burlesca y cruel de la existencia humana. Esto lo vemos también en la película, por ejemplo en las escenas de las adolescentes o en, general, en la situación en la que se ve imbuído el protagonista y el humor con el que enfrenta en muchas ocasiones al personaje.

 

Conclusión:

 

Elegí esta película, como bien dije antes, por ser el regalo de un amigo, película que tenía pendiente de ver hace ya tiempo y que ahora ha sido el momento idóneo para ello. En principio, tras ver la lista de películas que podíamos manejar, pensé hacerla sobre una de Wim Wenders, El cielo sobre Berlín; la tenía más vista y asimilada, el cine nórdico me resulta de mejor comprensión, quizás por mi forma de ser y por la parte de alemana que llevo dentro, pero enfrentarse a Fellini también era todo un reto, y así lo hice. No ha sido fácil ver en ella qué es lo que tiene de atípica, lejos del cine convencional, pero tampoco ha resultado complicado ver en ella lo que de intrincado resulta el mensaje del director. Si realmente tuviera que decir qué nos quiere transmitir Fellini no sabría decirlo, todo la película parece un juego, una muestra lúdica y caprichosa en la cual no tiene por qué haber un mensaje claro o moralizante aunque es obvio que una intención tiene: dejar claro, una vez más, que el director tiene un universo propio de imágenes y estereotipos que sabe manejar con soltura y gran maestría.

 

Lo mediterráneo, por la condición del autor es patente, la pulsión sexual, el deseo masculino por la carnosidad y delirio femenino, el hombre como presa de sus propios fantasmas más internos, la animosidad lumínica y festiva del macho del sur por el deseo imperante de la conquista, del encuentro con el sexo opuesto. Todo ello reflejado con los símbolos lingüisticos y cinematográficos propios del autor, de ese universo tan personal como universal. Esta cinta bien podría haber sido impensable en manos de un autor nórdico, más preocupados quizás por lo metafísico de la vida, sin esa explícita humanidad del tú a tú tan palpable en los ambientes más calidos de la zona sur. Es posible incluso que, de haber sido así, el congreso de feministas pudiera haberse convertido en una fría reunión de estudiosas intentando dar sentido a esas pulsiones masculinas desde un punto de vista racional y científico, lejos de la cotidianeidad que esas pulsiones significan en las relaciones de las zonas más tibias. Es posible, o quizás sea yo la que tenga estereotipado el cómo han de ser las cosas en cada lugar.


No sabría ser objetiva para analizar la película desde un punto de vista técnicamente cinematográfico, no poseo un conocimiento del cine desde ese aspecto del proceso de las películas, aunque sí el suficiente para poder decir que su tratamiento, aún siendo bastante convencional, la puesta en escena no deja indiferente a cualquiera. Esa idea de los espacios compartimentados en Fellini, quizás por su devoción a Cinecittà, o quizás para ordenar espacialmente lo que va ir siendo el hilo narrativo de la historia, que en este caso sí que lo hay pero que, a pesar de ello, hace de la cinta algo que no es típico. Hay travellings, bastantes e importantes a lo largo de la cinta pero tampoco un despliegue de medios y procesos técnicos que hagan de ella algo muy lejano o contrapuesto al cine convencional narrativo y figurativo. De ahí, aún acabando el trabajo, tenga dudas sobre lo qué he visto. En relación a esos espacio hay que decir que tanto la iluminación de Giuseppe Rotunno y la escenografía, crean, a partir de espacios cotidianos y prosaicos, como el interior de un hotel, una impresión de un mundo distinto, alternativo y amenzador.


No sé si el resultado de este trabajo es el más óptimo pero si quiero decir que el reto de hacerlos me parace muy gratificante a la vez que formativo, son un buen ejercicio para enfrentarnos a nosotros mimos, para ver cómo y de qué somos capaces a la hora de manejar unos conocimientos y también algo básico que ha de tener claro un historiador del arte, saber a cada momento qué es lo que tiene delante de sí, para darle, si más que un sentido, si el valor que la obra merece una vez que llega al espectador. Con todo eso nos movemos y como bien dicen los directores de cine experimental, como es el caso de José Luis Guerín, hacer del espectador un sujeto activo y pensante es algo básico en el proceso de la obra, en última instancia es el público el que cierra la obra y el que le da un sentido final como ente y como producto capaz de hacer pensar, no meramente como un producto de consumo que se ve y se olvida para pasar de nuevo a consumir otro. Fellini también lo consigue, aunque desde un punto de vista más lúdico, por su idea de la vida como algo ligado a lo circense, lo consigue con sus escenografías y con su concepto de la obra como algo que no ha de tener siempre un sentido, como mero disfrute también, la idea de lo lúdico, el juego donde, casi siempre, lo más importante es participar. Así veo yo la película y así veo yo a Fellini, un mago de juegos de la vida que muestra con gran profesionalidad y sobre todo valentía.

 

 

 

 

 

 

 

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