Reseñas y críticas de libros

Haikus, de Teneda Santôka

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Subo unos versos de Teneda Santôka, el monje hacedor de haikus casi siempre ebrio y viviendo en la pobreza, mal venido a negocios de sake y el largo etcétera de su vida agitada a ratos.

 

De Santôka, que murió en 1940, hubo una primera edición y traducción de Haikus por parte de Maremoto en el 2002. Otra en el 2004 por parte de Hiperión y esta tercera, del 2006 y de Miraguano Ediciones, que nos presenta 100 haikus de Santôka, 50 de ellos inéditos en nuestro idioma. Los restantes han sido tomados y revisados de traducciones anteriores citadas. En realidad, hay unos 230 haikus de Santôka traducidos al castellano; pero tal vez haya habido más ediciones después del 2006 y yo no lo sepa...

El libro ha sido dividido en 24 apartados (El alcohólico, la desnudez, la luna, la soledad del hombre, El Buda, Las hojas caídas, el Invierno, la nieve…) cada uno de los cuales es engrosado por haikus relativos al tema general y con comentarios introductorios de cada apartado. Merece la pena para quien gusta de los haikus y hasta el japonés, por los múltiples detalles que ofrecen en las traduccines y explicaciones. Se añade una separata-prólogo que acompaña a la edición, titulada “Orinar en la nieve”, de Chantal Maillard.

Quisiera copiar un pequeño texto que una de las personas responsables de la edición (son cuatro), escribió como parte de la introducción a la sección “Soledad del hombre” (Kodokuna hito):

“Un hombre solo, acaso por su ‘culpa’, dirán los racionalistas del espíritu. Un hombre solo, acaso por su ‘destino’, pensarán los artistas. Pero más allá de las respuestas, la soledad, a fin de cuentas, quizá no sea otra cosa que una forma de desnudez incomprensible, una metáfora por la que transitamos, algo hasta tal punto inocente que no pueda entenderse ni desde el origen ni desde el destino. Sencillamente forma, forma pura de hallarse entre el Todo y la Nada. Apropiación de la transparencia.
Encarnación del nadie. Pobreza de lo inminente.
El que se busca no sufre compañía”
(pp. 30-31)

Sin más, les dejo con una selección de haikus de Santôka y un insólito cuadro de Van Gogh cargado de tema japonés en su imaginario.

La luna ascendiendo
No espero
absolutamente nada

***

Cuando trabajo la tierra
a solas
surge una canción

***

No hay más que esta senda
Camino en soledad

***

Yo no puedo renunciar al sake
Vuelven a brotar
árboles y hierbas

***

Bajo la Vía Láctea
danza en plena noche
borracho perdido

***

Sólo si tu vida
es algo no sabido,
el canto del micosacai (*)

(*) Nombre de un pajarillo

***

Reconozco este
ruido de pasos
por entre las hojas secas

***

La sensación de que algo falta…
Caen las hojas

***

Una fina lluvia que cae
por el bien de los hombres
El Buda llora

***

Llueve con sentimiento
Y yo recojo el agua…

***

…Y, a veces,
dejo de mendigar
y miro las montañas

***
El corazón vacío inútil
las violentas olas nos asaltan
y se vuelven

***

Moscas que sobreviven
Y guardan mi memoria

***

Oculta en una choza en ruinas
mi vida en ruinas
Canta una cigarra

***

El largo puente
que nunca volveré a cruzar
Viento de eternidad

***

Parece que voy a morir
con el alma tranquila
sobre la hierba que brota

***

Profundamente emocionado
por seguir vivo
Es hora de remendar mis ropas

***

Las montañas, el mar…
Tengo agotado el corazón
de tanta hermosura

***

A solas, inadvertido,
el brote de bambú
se convierte en bambú

***
Sin pensar en nada,
rompiendo ramitas secas

***

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