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Un recuerdo a Nina Simone

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 La primera vez que vi a Nina Simone fue en una tele en blanco y negro, cuando yo era aún una mica en edad escolar. Hablaban de ella en una muy breve noticia, como una figura del jazz, género que seguramente desconocía yo aún, mientras se veía una imagen suya en concierto, sentada ante un piano, y vestida de una forma que interpreté como estrafalaria, acostumbrada al estilo “clásico ortodoxo relamido occidental de no haber roto un plato” de aquella época en España, sobre todo en un pueblo perdido de Andalucía donde todas las jóvenes querían ser y vestir como una “niña bien” de las revistas, y gustaban de competir sobre quién lucía el más selecto modelito, fundamentalmente los domingos y fiestas de guardar (ni los efectos de mayo del 68 ni la movida hippy habían llegado aún por aquellos lares, según creo). La impresión que me dejó Nina en esa ocasión fue la de una especie de bicho raro, o bruja negra y fea de la tribu “mandinga”, que aporreaba el piano sin piedad y desgranaba una voz cascada y de marimacho, emitiendo unos sonidos extraños que a mí me parecieron carentes de armonía y que desentonaban. Era de esperar semejante efecto en un oído como el mío que, por aquel entonces, estaba totalmente atrofiado, no sólo por la falta de educación musical, dada mi corta edad y la falta de tradición familiar, sino también por el estilo de música “popfestivalera” que escuchaba mayoritariamente.

El caso es que esa primera imagen de la Simone, por la razón que fuera, me dejó impactada, aún tan breve, y no la olvidé, siendo como soy una olvidadiza profesional. Pasó el tiempo, menos mal (para algunas cosas es una bendición que pase), y un día en la radio escuché algo que me atrajo inmediatamente. Alguien, que resultó ser Nina Simone, interpretaba I Put a spell on you (nombre que, precisamente, lleva su biografía, que no he leído, aunque no es una canción de composición propia). Entonces, la bruja fea se transmutó en bella princesa de ébano, y su voz cálida, sugerente, grave, profunda, subyugante, versátil, capaz de expresar toda la riqueza emocional del corazón humano a través de gritos, silencios, susurros, caricias melódicas, jadeos, quiebros y desgarros armónicos……, me acompañó desde ese momento.



Letra de I Put a spell on you

I put a spell on you
cause youre mine

You better stop the things you do
I aint lyin
No I aint lyin

You know I cant stand it
Youre runnin around
You know better daddy
I cant stand it cause you put me down

I put a spell on you
Because youre mine
Youre mine

I love ya
I love you
I love you
I love you anyhow
And I dont care
If you dont want me
Im yours right now

You hear me
I put a spell on you
Because youre mine


Nina tuvo la mala fortuna de nacer en un país y época (1933) donde ser negra y mujer significaba formar parte del más bajo escalón social. Recuerdo cuando el marido negro de la protagonista de “El color púrpura”, le gritaba a ésta: “Eres negra, eres fea, eres mujer. No eres nada” (no sé si se añadía también pobre, pero tampoco me extrañaría). Y esa era la realidad social de lo que la mayoría creía. En los años treinta en Estados Unidos (“Snake Unites”, como llegó a renombrarlos Nina) cuatro millones de habitantes (uno de cada siete) pertenecían al Ku Kux Klan, sin contar los simpatizantes, que también serían legión, aunque no se camuflasen cobarde y ridículamente debajo de una capucha blanca. Como todo el mundo sabe, se cometían todo tipo de tropelías, vilezas y linchamientos con los miembros de la raza negra sólo porque estos querían obtener el status de “seres humanos”, el mismo que tenían los blancos, con los mismos derechos civiles, y no seguir manteniendo el de ciudadanos de segunda fila, seres inferiores, o animales directamente. Pero algo tan arraigado en una sociedad como sus prejuicios discriminatorios enceguecidos y fanáticos hacia cualquier grupo, son muy difíciles de erradicar. Lógicamente, el resentimiento y la rabia del colectivo que se quiere liberar o reivindicar crece en progresión geométrica con las injusticias que se cometan en su contra.

       El nacimiento de una organización como los “Panteras negras”, defensores del “Black power” y de la recuperación de las señas de identidad de su propia raza, no fue sino el resultado de ese crecimiento. Nina, junto a otras cantantes negras contemporáneas, como Carmen McRae, por ejemplo, perteneció a ese movimiento. Y es bastante explicable que así fuera. Ella sufrió en sus carnes la discriminación, como evidentemente era de esperar en su tiempo. Imaginaos a una niña de diez años de familia humilde que da su primer concierto de piano en la biblioteca de su localidad y que ve como sus padres son desposeídos de los asientos principales y relegados por los blancos a una retaguardia humillante. Imaginaos a una joven con mucho talento para la música, que toca el piano desde los cuatro años y que, a pesar del apoyo familiar y de su entorno local (negro, claro), no puede ingresar en la escuela que desea y merecería sólo por ser negra. Imaginaos a la misma joven talentosa que estudia con ganas y que quiere ser concertista de piano clásico en grandes teatros y salas de concierto, interpretando a Bach, pero que ese sueño le está vedado sólo por ser negra, teniendo que conformarse con tocar blues (que tampoco está mal pero no es lo que ella quería) en clubes nocturnos o tugurios más o menos dignos. Y aunque más tarde pudo actuar en grandes teatros, nunca fue ejecutando música de Bach. Pues bien, todas esas dolorosas frustraciones y desprecios, y supongo que otros muchos que desconozco, tienen por protagonista a Eunice Kattthleen Waymon, alias Nina Simone.

       Cuando mataron a Martin Luther King, que también llegó a ser amigo suyo, Nina dio un corte de mangas a su país de origen, del que empezaba a abominar, y se marchó, llevando consigo la idea de que nunca sería posible allí que los negros adquiriesen sus derechos civiles. De su etapa más intensa como activista por esos derechos se nombran fundamentalmente tres de sus canciones: Mississippi Goddam, la primera que compuso, como reacción frente al asesinato de un militante por los derechos civiles en Mississippi y frente a un atentado racista que costó la vida de cuatro niños negros en Alabama; Young, gifted and Black, que se convirtió en un himno de los panteras y Four Women, que fue prohibida en Filadelfia y en las emisoras de radio de Nueva York, por ser injuriosa, supuestamente, aunque la verdadera razón es que creaba conciencia en la comunidad negra para levantarse contra la segregación.


Letra de Four Women

My skin is black
My arms are long
My hair is woolly
My back is strong
Strong enough to take the pain
inflicted again and again
What do they call me
My name is Aunt Sarah
My name is Aunt Sarah

My skin is yellow
My hair is long
Between two worlds
I do belong
My father was rich and white
He forced my mother late one night
What do they call me
My name is Saffronia
My name is Saffronia

My skin is tan
My hair is fine
My hips invite you
my mouth like wine
Whose little girl am I?
Anyone who has money to buy
What do they call me
My name is Sweet Thing
My name is Sweet Thing

My skin is brown
my manner is tough
I'll kill the first mother I see
my life has been too rough
I'm awfully bitter these days
because my parents were slaves
What do they call me
My name is Peaches

La adopción de su sobrenombre, o pseudónimo artístico, tuvo lugar cuando un alumno suyo le abrió los ojos sobre la posibilidad de ganar algún dinerito para ayudar a su familia tocando en clubes de Atlantic City. Entonces quiso ocultar su verdadero nombre para que no llegase a oídos de sus padres (sobre todo de su madre, que dirigía una comunidad de la iglesia metodista), que había empezado a trabajar en semejantes establecimientos, imagino que porque supondrían algún peligro para la buena reputación de una jovencita, dado el horario nocturno y la clientela quizá un tanto de moral distraída y de costumbres liberales y disipadas, o mejor dipsómanas. Ella tuvo un noviete hispano que la llamaba Nina (de la palabra española niña). apelativo que al parecer le gustaba y que escogió como nombre. Le añadió Simone como homenaje a la actriz francesa Simone Signoret. En esos tiempos, allá por el 54, Simone Signoret ya estaba casada con Ives Montand y la pareja tenía una cierta aureola de progresía comunistoide, posiblemente muy atractiva para una joven veinteañera que albergaría deseos de cambiar la sociedad injusta en la que vivía. No descarto que esto influyese en la admiración de Nina hacia ella, aparte de los interesantes personajes que interpretase en el cine. Quizá sólo fuese un precedente premonitorio de su futura vinculación con la “liberal” Francia (y no me refiero a liberalismo económico), donde vivió los últimos años de su vida, después de dar muchos tumbos por el mundo: Inglaterra, Liberia, Egipto, Holanda, Barbados, Suiza, etc.


              Nina me parece inclasificable como artista, y además fue todo un personaje. Su estilo era único, peculiar, inimitable. Otros buenos cantantes son perfectamente imitables (para muestra algún programa de televisión de imitadores), lo cual no disminuye su calidad, pero no ocurre lo mismo con Nina, cuyos juegos de voz son difícilmente remedables por otra persona., sobre todo en directo y cuando improvisa. Ella rechazaba que la comparasen con Billie Holiday porque es la típica identificación que hacían los blancos entre dos grandes artistas negras, por el hecho de ser negras y no por el parecido de los estilos, que efectivamente son distintos. ¿Por qué no la podían comparar con una cantante blanca? A ella le hubiera gustado que la relacionasen con María Callas, por ejemplo, porque se consideraba tan diva como la soprano En general, me parece que a Nina le molestaban todas las clasificaciones, designaciones y calificaciones provenientes de los blancos a los que, comprensiblemente, no nos tenía mucha simpatía ya que le habíamos puesto más de una zancadilla (hablo en primera persona del plural por lo de blanco, no por lo de poner zancadillas, claro). Por ejemplo, ella denostaba la palabra Jazz, término “blanco”,que veía como peyorativo, para definir lo que para ella era sencillamente “música clásica negra”. Aunque se le asignó el título de “Alta Sacerdotisa del Soul”, costumbre muy propia de la época en la que tenemos reyes, princesas, diosas, reinas, divinas, etc. de todas las categorías musicales, a Nina de ninguna manera se la puede restringir sólo al soul, ya que en su repertorio hay temas de multitud de géneros distintos: jazz, blues, espirituales, godspell, ritmos africanos, versiones de canciones de autor, pop, baladas, etc… De hecho aparece en antologías muy variadas.

           En cuanto a su actitud de diva, era cierta y ella la asumía y la defendía. En ese sentido, y creo que también en todos los demás, era íntegra y coherente. Hay muchas historias de desplantes, de irse en medio de los conciertos, de adoptar un comportamiento caprichoso, excéntrico y altanero. Consideraba que había sido (y aún era) una princesa egipcia. Yo pienso que su divismo era una forma de reaccionar frente a las humillaciones recibidas, una forma de no dejarse aplastar, de no sucumbir, de crearse un personaje que pudiese imponer sus propias normas en vez de aceptar las que se le imponían por el color de su piel. Pero eso sólo pudo hacerlo en el ámbito artístico, no así en el resto de los aspectos de su vida, donde la desilusionaron y pisotearon bastante, incluidos los hombres con los que mantuvo una relación, (sus dos maridos y algunos otros), hombres con cierto poder que no la trataron muy bien.

En el primer concierto que dio en España, en el 81 creo, en Pamplona, tenemos un ejemplo de su leyenda negra de excéntrica insoportable. Tenía 49 años y no parecía que estuviera pasando una buena racha en su vida personal, porque aparte de que había engordado bastante, llegó al aeropuerto borrachuza perdida, se quejó del recibimiento que le hicieron, se puso a coquetear descaradamente con el dependiente de un kiosco y a hacer majaderías, salió desnuda al pasillo del hotel y cuando subió al escenario para cantar, seguía bebida y se dedicó a deambular y a pasear por él y a insultar a los espectadores. “No me gusta cantar para los blancos. Sois unos hijos de puta”, creo que era una de las perlas que salía por su boca, De vez en cuando se dignaba a aporrear las teclas del piano y a semientonar el estribillo de una canción de Bob Marley : No woman, no cry. Pasada la hora y media prevista, se despidió con un: “Os quiero, pero no pienso volver nunca más”, jajaja. El promotor del concierto se subía por las paredes, claro y, además, tuvo que pagarle lo acordado mientras recibía algún que otro insulto de ladrón. Sin embargo, muchos componentes del público aguantaron estoicamente y se lo tomaron con filosofía. Decían que ver a Nina Simone borracha sobre el escenario y sin control era un espectáculo irrepetible que bien merecía la pena.

Sin embargo, en el 88, en el concierto de Barcelona, algunas de cuyas grabaciones se pueden ver en la web youtube, es una Nina distinta, profesional, amable, cercana, cordial. Era capaz de crear entre ella y el público una buena conexión química, una corriente de agradable fluencia mutua. Hablaba con la gente, introducía morcillas divertidas en las canciones, etc.

Se han difundido otras leyendas negras más sobre ella, como la de disparar sobre el productor de una discográfica suiza porque se negaba a pagarle lo que le debía, o también a un vecino por molestarle con sus risas. En fin, genio y figura. Una personalidad explosiva, volátil, apasionada, emocionalmente irregular, sensible, extravagante, algo esperpéntica, contradictoria, luchadora y muchas otras cosas más….Única.

¡Ah! Hay una cosa en la que estoy de acuerdo con Nina. Ella atacaba con furor y sin piedad al rap y al hip hop, porque consideraba que eran géneros que arruinaban la música. Ahí estoy con ella.

Por cierto, es una pena que hayan tenido que ser anuncios de televisión los que la popularizasen hace unos pocos años.

 

 

 


 

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