Poesía

La salamandra se vistió de añil

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La salamandra se vistió de añil
y desafió a la luz lunar
el dos de abril del presente año.
Quisieron los quasares bailar
al son del vudú del poblado
de bosquimanos rebeldes,
adoradores de cascotes siderales
defenestrados.
La salamandra asintió
y Bushveld donó cientos de
diamantes recién creados
(de edad menor a catorce mil años).
No fue sacrificada, a causa de
designios divinos: esa noche
los quasares bailaron
frenéticos
al son del vudú demoniaco.
Negronas se ensartaron cuchillas
en las mejillas y en sus lenguas
fumando habanos importados.
El aire de fuego se removió
inquieto asustado qué sé yo.
Del cielo descendieron lágrimas
de dioses de rasgos desproporcionados
y cuerpos encogidos de rabia,
y la danza, vieja como los eones,
tiñió de añil las cucharas
que golpeaban.

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